viernes, 14 de diciembre de 2012

A Roma con amor (To Rome with love)


   En algunas ocasiones creo que Woody Allen hace magia en vez de cine. De hecho en algunas de sus películas nos la enseña (“La maldición del escorpión de jade”, “Scoop”) como prestidigitador que te muestra las cartas y delante de ti las transforma sin que en ningún momento veas el truco.
   “A Roma con amor” consigue engancharte con una simple melodía y un personaje introductorio, sirviéndose de algunas imágenes de Roma para hipnotizarte. Pero en vez de cartas utiliza la luz y el color que desprende la ciudad eterna para embaucarnos en cuatro historias (sin conexión entre ellas) y hacer reflexiones sobre el amor, el deseo, la familia y la fama.
   Pero en “A Roma con amor” le he pillado el truco, y si la veis lo veréis. En todas sus películas hay momentos brillantes por los diálogos que escribe para sus personajes. Y aquí los momentos más brillantes se los ha guardado para él, aprovechándose de su personaje, al que le ha prestado sus temores y sus miedos sobre el abandono, la jubilación y la muerte a cambio de expresar en la pantalla de manera irónica sus pensamientos sobre estos aspectos.
   Un encuentro casual entre un joven romano y una turista americana en busca de La Fontana de Trevi marca el punto de partida de las historias. Este encuentro acaba en enamoramiento y posterior encuentro entre familias, en la que Allen interpreta al padre de ella y descubre por casualidad las dotes para la ópera de su consuegro; la segunda de las historias tiene como protagonista a Alec Baldwin, famoso arquitecto que vuelve a Roma a pasar unas vacaciones, y decide visitar el Trastevere, lugar donde residió treinta años atrás. Allí se encuentra con Jesse Eisenberg que recibe la visita de una amiga de su novia; también conocemos a Leopoldo (Roberto Benigni), un oficinista que vive en su rutina hasta que de buenas a primeras obtiene la fama; por último, una pareja de recién casados de luna de miel: ella se pierde por Roma, y acaba en un rodaje donde participa su actor favorito, y él conoce a Anna (PenélopeCruz, en una papel corto pero megasexual), una prostituta con la que se encuentra por casualidad.
   Un conjunto de historias que van desde el surrealismo al costumbrismo, pasando por la comedia de enredo, ingredientes que tras degustar la película hacen que acabes con una sonrisa en los labios y con ganas de visitar Roma y de más ideas de este tipo del mago Allen. No es una de sus mejores películas, pero si os gusta Woody Allen no os decepcionará.

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