viernes, 7 de diciembre de 2012

El hombre de los puños de hierro (The Man With The Iron Fists)


   Nunca me gustó la propaganda que hacen a determinadas películas a través de la manida frase “…de los productores de…”, y pongo un ejemplo reciente para que se me entienda: «De los productores de “Avatar”, llega ahora “El santuario”…». ¿En qué estaban pensando estos señores para producir un truño de semejante magnitud? Para mí la explicación es que firman estas películas flojuchas cuando están en plena borrachera-resaca de su éxito anterior, y cuando se despiertan ya no les queda más remedio que hacerla. Y para atraer al público que jamás iría a ver una película de ese tipo, pues ponen en el cartel la referida frasecita y alehop!, como se la colaron a ellos ahora nos la devuelven a nosotros.
   Todo lo anterior va también referido a “El hombre de los puños de hierro”. Nos llenan los oídos de: “Id a verla, que la ha producido Tarantino…” cuando la realidad es que Tarantino solo la “presenta” (se han sacado de la manga el término, ¡cómo venden los americanos!) y el productor en realidad es Eli Roth (Hostel)
   Resulta que RZA elaboró parte de la ambientación musical de las dos partes de “Kill Bill”, y tras conocer a Tarantino y saber que compartían gustos cinematográficos por el cine de acción basado en artes marciales, debió pensar que era capaz de escribir, dirigir y protagonizar (en parte) una película serie B ambientada en China y con pinceladas, o mejor dicho, brochazos, de peli del oeste americano. Lo adereza con luchas kunfuescas bañadas en chorros de sangre y armas de todo tipo, y el resultado es el que es: una historia sin pies ni cabeza que bien podría haber estado ambientada en los suburbios de Los Ángeles en la actualidad, en el Bronx en los ’70 o incluso en las mafias japonesas de cualquier época.
   Y que de qué va: el Pueblo de la Selva se encuentra sumido en una constante lucha entre clanes rivales (leones, hienas, lobos) Todos ellos recurren al único herrero (RZA) del pueblo, que fabrica las armas más mortíferas con el objetivo de conseguir el suficiente dinero para poder abandonar el pueblo con su amada concubina, a la que entrega todo lo que gana para que ningún cliente del lupanar más la toque. Pero las traiciones dentro de los clanes están a la orden del día, y para vigilar los tejemanejes de dichos clanes el emperador envía al pueblo a un soldado (Russell Crowe) para que vea lo que allí ocurre antes de enviar un cargamento de oro para que sea custodiado.
   Russell Crowe se ríe de sí mismo, adaptándose a una película de este tipo a pesar del descuido de su figura (se le ve muy hinchado); Lucy Liu casi repite personaje como O-Ren Ishii (Kill Bill vol. 1), aunque aquí está simpática con sus clientes (interpreta a la Madamme del lupanar) y en vez de katana maneja un abanico mortal; aparece Batista, el luchador de WWE (el Pressing Catch de toda la vida, vamos) como hombre de latón…
   En definitiva, un bodrio infumable que de vez en cuando te saca una sonrisa porque hace recordar a “El último samurái” mezclado con los Power Rangers.

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