martes, 1 de octubre de 2013

Rush

   No es que sea yo un forofo de la Fórmula 1. Que sí, que si un domingo estás tirado en el sofá y de repente te encuentras con el mayor circo del mundo del motor pues aprovechas y lo ves. Eso sí, también os digo que después de unas cuantas vueltas me vuelvo remolón y cambio de canal para evitar el mareo de dar tantas vueltas y tantos grititos del comentarista de turno, y vuelvo un par de veces más hasta que termina la carrera. Y os preguntaréis ¿para qué vas al cine y ves una peli sobre la Fórmula 1?
   La respuesta es Ron Howard. Un director vilipendiado en su juventud por su carrera de actor, pero que supo reciclarse hasta volverse uno de los directores más influyentes de las últimas décadas. "Cocoon", "Willow", "Apolo XIII", "Una mente maravillosa", "Cinderella Man", "El código Da Vinci" (a mi me gustó, como también me gustó el libro), "El desafío: Frost contra Nixon", "Ángeles y demonios" (también me gustó, más incluso que la anterior adaptación del libro de Dan Brown, y para 2015 tiene previsto estrenar "Inferno", la nueva aventura de Robert Langdon). ¿Os parece poco?
   Y no fallé. "Rush" es una historia de pasión por la velocidad desde el punto de vista de dos rivales con estilos muy diferentes: James Hunt (Chris Hemsworth), puro talento, y Niki Lauda (Daniel Brühl) obsesivo y trabajador hasta la extenuación. Por eso "Rush" es una historia que tiene como escenario de fondo la Fórmula 1, pero en realidad podríamos encontrarla en cualquier otro ámbito de la vida. Lo que si es cierto es que por encima de todo, "Rush" habla del respeto que muestran dos rivales por su oponente, que ven el mundo de dos maneras totalmente opuestas.
   Mención al papelón de Daniel Brühl, que consigue, desde el primer momento, hacer que te caiga antipático, al igual que al resto de la humanidad. Atención a mi apuesta: nominado al Oscar.
   Y luego están los aspectos técnicos, con imágenes de las carreras desde dentro de un coche como nunca se han visto, ni imaginado, pensando en como los pilotos se jugaban la vida (literalmente) en cada carrera, y con un sonido atronador que consigue desconcertarte. Y esos puntos de luz laterales que tanto le gustan al Sr. Howard, como el atardecer que aparece detrás de una tormenta vespertina...

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