domingo, 10 de noviembre de 2013

El camino de vuelta (The Way, Way Back)

    Dependiendo del estado de ánimo que tengas, se puede definir "El camino de vuelta" bien como una comedia con toques amargos, bien como un drama con toques dulces. Yo de momento la voy a meter en el saco de las comedias, porque al final acabas pasando un buen rato, aunque no haya momentos desternillantes ni escenas que acaben con una carcajada. Pero siempre te hace tener una sonrisa en la comisura de los labios. Es como esos bombones con un chocolate superfino que cuando te lo metes en la boca te llenan el paladar con su adictivo sabor, pero que al morderlo inunda todo con el relleno de licor que te hace entornar los ojos por lo fuerte que está, pero que hace que al final la combinación deje un buen sabor de boca.
   "El camino de vuelta" habla de la dureza de los primeros años de la adolescencia para un chaval que se siente incomprendido mientras ve que el mundo que le rodea se desmorona a su alrededor sin que nadie haga nada por evitarlo, a pesar de los gritos de auxilio mudos que lanza el muchacho y que nadie sabe captar. O casi nadie. Porque cuando alguien capta el S.O.S y le lanza un salvavidas, el chaval demuestra realmente que sólo le faltaba un empujoncito, una palmadita en la espalda para encontrar su propia felicidad. Pero siempre acabará existiendo en su círculo más cercano alguien que le siga poniendo la zancadilla.
   Si hay que destacar a alguien en la peli, ese es Sam Rockwell, que interpreta a un adulto con el síndrome de Peter Pan  a flor de piel que no me extrañaría nada que estuviese nominado al Oscar al mejor actor secundario. Su interpretación es el pilar de apoyo del resto de personajes, mientras que Steve Carell es el contrapunto perfecto, aunque lejos del histrionismo que desprende en otras películas.
   En definitiva, una peli con matices y buenas interpretaciones, diferente, pero que quedará en el olvido tan abarrotado que tiene el mundo del cine.

No hay comentarios:

Publicar un comentario