domingo, 18 de mayo de 2014

Godzilla


Lo reconozco: cuando he visto al bicho, me he imaginado que era un traje y que dentro iba un pobre hombre asfixiándose de calor al que habían soltado con una grúa en medio de una maqueta enorme de San Francisco, y que su cometido, cuando escuchase el acción!!! era soltar mandobles a cascoporro y destrozar cuanto más, mejor. Luego ya recordé que no era una de las películas de Toho Productions, cuyo mayor coste de producción se iba en la gran cantidad de cartón piedra para recrear, una y otra vez, maquetas de Tokio o cualquier otra ciudad japonesa que iba a ser devastada por la lucha entre bichos mastodónticos.


Sinceramente, iba con la expectativas muy bajas a la hora de ver "Godzilla", y por eso el resultado final no terminó de disgustarme, porque más o menos era lo que esperaba: una historia encorsetada con poco margen de improvisación, que sugiere a la bestia más que mostrarla para no sobreexponerla a la mirada del espectador. Pero lo más importante no está en el monstruo en sí, sino en su capacidad de redimirse y enseñarnos que no todo es lo que parece, y que el miedo, a pesar de estar presente en la sociedad actual, a veces no es más que la respuesta ante una situación desconocida, de la que en un principio no conocemos sus consecuencias.
Pero entonces, ¿qué pinta Bryan Cranston en todo esto? Pues lo mismo que David Strathairn: son los fijadores para que el quaterback (Aaron Johnson) pueda hacer la jugada genial que consiga el trofeo para su equipo, aunque lo que se termine ganando no sea más que un efímero paso por el número uno de la taquilla española, en aquella semana calurosa del mes de mayo de 2014...
En definitiva, que allá vosotros.

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