martes, 19 de agosto de 2014

Transformers: La era de la extinción (Transformers: Age of Extinction)


¿Os acordáis cuando eráis niños (más pequeños que ahora, porque en el fondo toda la vida nos acompaña el niño que llevamos dentro) y os montabais en los coches de choque? Era uno de esos momentos en los que la ilusión se transmite con la mirada. Los ojos abiertos de par en par deseando que tus padres te comprasen una ficha para poder montar y chocarte contra alguien, y dar un buen meneo a alguno que te pillara de por medio, y si además era alguien que te caía mal pues eso que te llevabas. Hasta que te daban la tercera ficha y empezabas a estar un poquito hasta las pelotas de tanto choque, porque además habías descubierto que estaba el tren de la bruja y te querías montar. El mismo tedio sentí después de ver "Transformers: La era de la extinción": mareado de tanta vuelta y tanto golpe, con el culo plano del asiento y con ganas de salir de allí.
Rechinante. Es la palabra que mejor puede definir "Transformers: La era de la extinción". Más de dos horas y media de película con hora y media de peleas entre robots, destrucción total y choque de metales que acaban dejándote los oídos destrozados, como cuando pasa el afilador y pasa la piedra por la hoja de un cuchillo.
Dice Michael Bay, el director, que no va  a dirigir la quinta entrega de la saga. Pero digo yo, qué necesidad de hacer una quinta entrega, cuando dentro de diez años se puede hacer un remake/reboot para las generaciones venideras. Al señor Bay se le fue la cabeza con explosiones, peleas espectaculares, tiros y alienígenas hace mucho tiempo, y lo único que se le ocurre para intentar mejorar sus películas es hacer lo mismo pero más a lo bestia, y durante más tiempo.


Ni Mark Wahlberg consigue escapar de este sinsentido paternofilial en el que los guionistas han convertido la historia. Tan solo algunos destellos del casi siempre estupendo Standley Tucci consiguen salvarse de la quema, y poco más. Porque además los guionistas han pretendido darle un toque cómico a la peli que también chirría, porque sobra y no pega para nada con el conjunto. Al final el dicho va a ser cierto, y cuartas partes nunca fueron buenas...

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