lunes, 28 de diciembre de 2015

Ex-Machina



¿Podrá un humano determinar alguna vez la existencia de inteligencia artificial en un organismo creado por el hombre valiéndose sólo de su mente? Esta pregunta, además de recordaros a algo parecido a “Blade Runner”, es una de las bases de la filosofía de la inteligencia artificial desarrollada por Alan Turing (sí el de “The Imitation Game -Descifrando Enigma-”, magníficamente interpretado por Benedict Cumberbatch), y es el cimiento sobre el que se asienta la trama de “Ex-Machina”.


Pero a diferencia del clasicazo de Ridley Scott, “Ex-Machina” apuesta por la sobriedad en el planteamiento y por la intimidad en lo visual, a través de una pulcritud estudiada en escenarios y personajes, que hacen más una representación teatral que una película. Pero lo realmente importante en “Ex-Machina” son los diálogos entre sus personajes: Nathan (Oscar Isaac, cada vez más omnipresente en las pantallas) es propietario de la mayor empresa de Internet del mundo. Vive aislado, y para premiar a sus empleados, la empresa organiza un sorteo en el que el ganador pasará un fin de semana en su retiro. El afortunado resulta ser Caleb (Domhnall Gleeson), un programador que se ve abrumado por la situación que se le ha presentado: su jefe pretende que apruebe la inteligencia artificial de Ava (Alicia Vikander, el descubrimiento del año), un robot con el que las conversaciones siempre tienen algo más que lo meramente trascendental, y que acaban creando un vínculo único entre ellos.


¿Podrá Caleb discernir la inteligencia real de una simulación programada? ¿Habrá sido capaz Nathan de crear vida inteligente de manera artificial? ¿Serán reales los sentimientos mostrados por Ava? Estas son algunas de las preguntas que te harás mientras observas la peli. Lo único malo del guion es la predisposición que hace tener al espectador sobre los personajes. Por otro lado, no os perdáis detalle de todos y cada uno de los diálogos, porque en ellos reside parte de la solución de la película.



En definitiva, una de esas historias que traen aires nuevos al mundo del cine, que os hará pensar un poquito y que merece la pena ver, aunque sea para salir de los manidos tópicos que ofrece el cine actual.




domingo, 27 de diciembre de 2015

La visita (The Visit)


¿Habrá supuesto “La visita” un punto y aparte en el cine de Shyamalan? ¿Es tan solo un espejismo en su larga travesía por el desierto en el que se introdujo con “La joven del agua”? Espero que sí, porque menudos bodrios nos ha preparado el amigo durante los últimos años. Ha sido como coger la pipa amarga de la bolsa tres o cuatro veces seguidas, esa que por muchas que comas después, te deja un sabor espantoso en el paladar, cuyos últimos restos tardan en desaparecer, y que te hace hasta plantearte dejar de comer pipas para siempre. Pero es de las cosas que vuelves a hacer, porque lo ocurrido la última vez se te ha olvidado, y la sensación de pellizcarte la punta de la lengua al final acaba siendo adictiva.


En “La visita”, Shyamalan retoma esas historias normales, de personas normales en lugares normales, para, de un plumazo, hacerlas historias extraordinarias que noquean al espectador. Porque seguro que os pasó algo parecido viendo “El sexto sentido”, “Intocable”, “Señales” (mi favorita) y “El bosque”. Lo único malo que tienen estas películas es que el elemento sorpresa es tan importante que tienen que pasar años para que te apetezca volver a verlas, a no ser que te encuentres alguna reposición en algún canal perdido de la tele.


La trama es sencilla: unos niños de ciudad van a pasar unos días con sus abuelos a la casa de campo en la que viven. Y una vez allí, los niños comienzan a percibir ciertas conductas extrañas, que achacan a la avanzada
edad de sus abuelos. Y todo rodado cámara en mano, a modo de documental, por parte de unos niños a los que de repente coges cariño y tres minutos después les darías un buen sopapo. Vamos, como a todos los niños.


En definitiva, una buena peli de terror, de esas que tiene sus buenos sustos, en la que la tensión va creciendo hasta un final made in el mejor Shyamalan.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Star Wars: El despertar de la Fuerza (Star Wars. Episode VII: The Force Awakens)


J.J.Abrams ha conseguido algo que parecía impensable: volver a retomar la visión original de George Lucas en la trilogía original. Y la mejor manera de hacerlo ha sido eliminando de la ecuación todo rescoldo de un Lucas que, reconozcámoslo, se fue a la deriva hace mucho tiempo, mucho antes de rodar los Episodios I, II y III.


El principal problema que tuvo George Lucas a la hora de rodar los episodios que cuentan la transformación de Anakin Skywalker en Darth Vader fueron, desde mi humilde punto de vista, técnicos. Se olvidó de un universo que había creado a través de efectos visuales rudimentarios, y con el desarrollo de los efectos especiales creados a partir de la informática y rodados mediante un croma creó un universo totalmente distinto al original, que perdió todo su encanto en aras de lograr el mayor de los impactos visuales.


Pero J.J.Abrams ha tenido claro lo que quería: conectar con el espectador con aquellos paisajes, con todos los elementos que hicieron de Star Wars algo único en la historia del cine. Sí habéis leído alguna de las innumerables entrevistas que le han hecho con motivo del estreno de “Star Wars: El despertar de la fuerza”, la obsesión de Abrams era captar la naturalidad de la luz, evitando desvirtuar los decorados y escenarios. Y doy fe que lo ha conseguido. Basta ver una imagen de los Tie Fighter a lo “Apocalipse now” para descubrir que, al menos visualmente, esto es otro rollo. Es como si hubiese encontrado las piezas desgastadas de un engranaje original que fueron sustituidas por otras que no tenían nada que ver con la maquinaria, que hacían que ésta chirriase (en algún caso, hasta el extremo), y las haya reparado para intentar que todo quedase como estaba. Pero a la maquinaria le falta lubricación para que vuelva a ser lo que fue.


A “Star Wars: El despertar de la fuerza” le falla la falta de carisma de sus protagonistas. Los únicos chispazos de genialidad en la pantalla son los que dan Han Solo (Harrison Ford es Dios), Leia y Luke Skywalker. Bueno, y una maravilla de robot llamado BB-8, que toma el relevo de R2-D2 y le roba el protagonismo en muchas de las escenas a los protagonistas. El malo no es tan malo (o al menos no lo parece, salvo por determinados coletazos). Y los buenos tienen mimbres para que la cosa vaya mejorando en las siguientes entregas, pero por ahora nos dejan huérfanos de un personaje al que recordar.


Y como no quiero desvelar nada más, aquí lo dejo, no sin deciros que debéis ver una película que os gustará si sois fans de la saga, y que os pondrá los pelos de punta al escuchar la primera nota de los títulos de crédito.



domingo, 29 de noviembre de 2015

Love & Mercy


Seguro que os ha pasado en alguna ocasión que, después de ver una peli, algo ha sacudido vuestra mente hasta hacer que muchos días después de verla sigáis pensando en ella. Una historia que se mete en tu cabeza y que, de repente, te hace entender alguna de las cosas que hasta entonces estaban arrinconadas en tu memoria.
Hace tiempo me pasaba de pascuas a ramos, con esas películas que ya siendo consideradas clásicos, son descubiertas por ojos adolescentes e incorporadas a su vida, como uno de los elementos sobre los que sentar la base de sus conocimientos para poder “fardar” de vez en cuando, sin darte cuenta que al mismo tiempo esas películas te van robando pedacitos de tu corazón. Hasta que con el paso de los años te das cuenta que, al final, el cine te ha robado el corazón, y al recordar aquellas películas, una ligera mueca a modo de sonrisa aparece en la comisura de tus labios cada vez que las redescubres zapeando entre la insustancialidad temática de la televisión española.
Con el paso del tiempo, cuando tus ojos están saturados de filmografía, esas sacudidas viendo películas se van espaciando en el tiempo, hasta que sólo sientes ese shock, como mucho, un par de veces al año. Para mí, las últimas ocasiones han sido “La vida de Pi”, “El atlas de las nubes” y “Whiplash”. Y “Love & Mercy”, una biografía de Brian Wilson, el líder indiscutible de “The Beach Boys”.


“Love & Mercy” es la representación del proceso creativo mental de un genio, la representación física, a través de ondas sonoras, del pensamiento de una persona buscando siempre que el sonido imposible tuviese cabida en un pedazo de vinilo. Pero ese proceso tiene un precio, y los genios lo pagan, sin importarles nada lo que arriesgan para extraer de ellos mismos el jugo, la esencia de aquello que sólo su mente es capaz de crear: puede llamarse locura, desequilibrio afectivo o simplemente, adicción a sustancias que les hacen ir más allá de sí mismos, para recolectar aquello que sólo crece en lo más profundo de uno mismo. No, no estoy haciendo apología de las drogas. Sólo plasmo mi idea de lo que siento respecto a todos aquellos artistas que dieron sus vidas por ir a un lugar al que creían que únicamente se llegaba a través las drogas (y que no son pocos).


En “Love & Mercy” encontramos dos etapas distintas en la vida de Brian Wilson: una primera etapa (interpretado por un excelente Paul Dano), en pleno proceso de creación de uno de los álbumes más importantes de la historia de “The Beach Boys”, el “Pet Sounds”, en el que Wilson es capaz de hacer cualquier cosa para que en el estudio todo suene como en su mente, buscando la perfección e intentando buscar la excelencia a través de superar a “The Beatles”. Las escenas buscando los sonidos para “Wouldn't it be nice” muestran el talento, el prodigio, pero también la capacidad de trabajo, llevado hasta el extremo. Mientras, en la segunda etapa (en la que Brian Wilson es interpretado por John Cusack) vemos la decadencia del genio  producida por una vida llena de excesos, pero sobre todo, por un control absoluto por parte de aquellas personas que han encontrado un filón en una persona desprotegida.


Es la combinación de estas épocas la que consiguen dar la visión global de un genio. Hay que ser muy grande para que tu grupo triunfe en todo el mundo (en Estados Unidos, la figura de “The Beach Boys” es tan grande como “The Beatles”) haciendo canciones sobre la playa, el surf y los coches sin que te guste ninguna de las tres cosas.
En definitiva, una buena peli para descubrir a un genio de la música.




domingo, 8 de noviembre de 2015

Regresión (Regression)



El cine siempre fue, es y será una deliciosa trampa a la que acudimos gustosamente para ser engañados por un grupo de titiriteros que juegan con nuestra mente a su gusto. Los guionistas crean historias con trampantojos que nos hacen ver cosas que no sucedieron e imaginar situaciones que nunca ocurrieron, para, finalmente, derruir aquello que nuestra mente ha ido construyendo durante dos horas para impostar un final que cuadre con las pequeñas pistas que nos han ido dando.
Pero a veces la mente supera a los guionistas, porque consigue interpretar las miguitas de pan dejadas por quien escribe las tramas para que, al llegar al final, esa pieza que pretenden hacer encajar ya esté incrustada y sea imposible de sustituir. Esta situación ocurre principalmente en esas películas tan previsibles, que con sólo un pequeño detalle inicial sepas cuál será la resolución, y te deje en la butaca que ni fu ni fa.


En “Regresión”, Amenábar lo intenta: crea un clima incómodo, áspero, frío, en el que no te hace sentir cómodo, para que tu construcción mental de lo que pueda ir sucediendo tampoco lo sea. Y para ello pone de su parte una producción muy americana y una dirección espectacular, en el que maneja milimétricamente las emociones de los actores para que el espectador se mantenga sin pestañear a la espera de las pequeñas pistas que le permitan hacerse su particular construcción mental. Incluso consigue en determinados momentos rememorar efímeros recuerdos de “Tesis”. Pero son sólo centelladas, escarceos juguetones que se quedan en nada en cuanto cambia el plano.


Pero lo peor de “Regresión” es la sensación final: ni tu construcción se derrumba ni te ofrece otra para impostar, sintiendo que lo que acabas de ver es una mentira muy bien rodada, con abundantes medios, hasta que pasados unos minutos piensas que la campaña de marketing que la acompaña ha sido mejor escrita que la propia película.



En definitiva, allá vosotros.

domingo, 25 de octubre de 2015

Marte (The Martian)


Ridley Scott ha encontrado la senda, el camino oculto que hacía converger hace años a crítica y público, y que perdió en la deriva que mostró su cine a partir de “Black Hawk derribado”. Aunque no es algo nuevo en su carrera: podemos decir sin temor a equivocarnos que ha sido un director que ha dado un de cal y una de arena de manera habitual. Tan pronto rueda “La teniente O’Neil” como años más tarde lo peta con “Gladiator”.


Quizás este sea el motivo por el que al final, me acaban gustando casi todas sus películas. Incluso “Prometheus”. Sí, me gustó “Prometheus”, al igual que me parece una gran película “Señales”, aunque nadie haya dado vela en este entierro a Shyamalan. Pero volviendo a Ridley Scott, siempre vas a encontrar a alguien al que le guste alguna de sus películas, aunque haya sido un bodrio, como “1492: La conquista del paraíso”. Aunque me pareció un bodrio allá por 1992, en la fecha de su estreno, cuando las hormonas dominaban sobre el raciocinio de un adolescente más preocupado de quien se sentaba a su lado en el cine que sobre la película en sí. Además creo recordar vagamente, en la bruma de la memoria, que la vi en un cine de los antiguos, donde las butacas no están escalonadas, en una de las primeras filas en una excursión del instituto.


Sí, también es cierto que “Marte” no es, ni de lejos tan buena como “Alien” o “Blade Runner”. Pero tiene su aquel. Lejos de buscar mover los hilos del terror o filosóficos del espectador, en “Marte” pretende convertir en aventura la lucha por la supervivencia de un científico aislado en un planeta hostil, en el que sólo el ingenio y las ganas de vivir podrán mantenerle con vida.
A mi “Marte” me ha encantado por varios motivos: por el tono con el que Scott afronta una aventura de supervivencia y desesperación; por la “odiosa” música de la Capitán Lewis; por Matt Damon; y por el politiqueo existente ante cualquier situación en este planeta egoísta, en el que importa más el “qué dirán” que la vida de una persona. Y así nos va.


Muchos cinescépticos dirán que la película tiene muchos errores, que si el final es tal cual, etc. Pero teniendo en cuenta que la historia comienza con una excavación para recoger muestras marcianas, cosa que en los próximos 5-10 años no va a pasar en la realidad, pues habría que dar un poquito de margen. Ya nos reiremos cuando la realidad supere a la ficción, como lo hemos hecho esta semana con “Regreso al futuro”, a la que entonces se la consideraba fantasiosa, y resulta que esta semana todo el mundo dándole bola y calificándola como visionaria en muchos aspectos… Ah, el ser humano, ese capitán de velero en busca de la mejor racha de viento para posicionarse mejor cuando y donde convenga.

En definitiva, dos horas y media de aventuras que pasan como un suspiro. No os la perdáis.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Everest


Tiene que ser muy jodido que te pique el gusanillo del alpinismo. Pero no el alpinismo de irte un domingo a Navacerrada y subirte a una de sus cimas dando un paseo. Me refiero a ese tipo de alpinismo que se le mete en el cuerpo a la gente y se va a subir todos los ochomiles que se encuentran por delante, dejándose partes del cuerpo congeladas por el camino, e incluso la vida en lugares tan gélidos que sólo de pensarlo me entra frío por los pies. Pero imagino que lo peor, por mucho agotamiento, cansancio o falta de oxígeno que sufra aquel que practique este mal llamado deporte, lo debe sufrir su familia. Una despedida antes de una expedición no puede ser con un “hasta luego”: tienes que dejar los deberes hechos por si no vuelves, y seguramente no una, sino muchas veces. Y en cada despedida, los que se quedan, mueren un poquito.


Todo esto viene a cuento después de ver “Everest”, una peli que debe ser más o menos como subir una montaña. Que sí, dejad que me explique: por lo visto, toda ascensión a una montaña de este tipo  requiere de una aclimatación previa, que consiste en ir subiendo y bajando paulatinamente hasta que el cuerpo se va acostumbrando a la falta de oxígeno, hasta afrontar la ascensión final a la cumbre. Y así es la película, una ida y venida de personajes (demasiados para mi gusto), de los que durante hora y cuarto vamos conociendo los motivos por los que quieren escalar el Everest. Que más o menos se debe sentir lo mismo que mientras esperas para realizar la ascensión final, que parece que no llega nunca.
Pero cuando llega el momento de la verdad, el momento de la ascensión, la cosa cambia a mucho mejor, y en cierta medida (en ínfima medida, en realidad) atinas a entender el espíritu de superación que tienen todos estos tíos que arriesgan su vida por llegar a lo más alto. Y es entonces cuando todo el poder de la montaña entra en acción y te ves pequeño ante semejante mole de piedra, hielo, viento y nieve.


“Everest” casi te deja sin aire de la tensión que consigue crear con su tormenta, pero es una sensación efervescente, a la que cuando se le pasa el efecto te deja plof en la butaca y con la sensación de haber pasado dos horas simplemente respirando. Ni siquiera un reparto estelar consigue emocionar: Emily Watson, Jake Gyllenhaal, Jason Clarke, Josh Brolin, Keira Knightley, Robin Wright o Sam Worthington parecen desdibujados ante el derroche de efectos especiales.
En definitiva, ni fu ni fa. Allá vosotros.


domingo, 13 de septiembre de 2015

Operación U.N.C.L.E. (The Man From U.N.C.L.E.)


Como regla general, las pelis de Guy Ritchie molan por su peculiar lenguaje cinematográfico, en el que las escenas con cierto toque de violencia llegan a la retina del espectador para quedarse grabadas a fuego, mientras los diálogos fluyen en las distintas tramas de sus historias, haciendo, en conjunto, un estupendo ejercicio de entretenimiento para el que tiene la oportunidad de observarlas.


Si a lo anterior, añadimos que las pelis de Guy Ritchie  rezuman ese tufillo a inglés redomado que no quiere disimular, encontramos ese toque a costumbrismo y caballerosidad británica que encaja a la perfección con una visión del cine, que de tan particular, definiría como única.


Algo así sirve para definir “Operación U.N.C.L.E.”: una trama de espionaje en plena guerra fría, en el que los frentes comunista y capitalista han de trabajar unidos por el bien de la humanidad (sic). Y mientras el espía del lado rojo (Armie Hammer, el fallido Llanero Solitario) muestra su frialdad y mirada glaciadora, del lado de la CIA encontramos al agente opuesto en todos los sentidos (Henry Cavill, el nuevo Superman), seductor, con la apariencia de tener la situación controlada en todo momento y experto en la utilización de los gadgets más modernos e inverosímiles de la época. Y como contrapartida, el toque femenino viene de la mano de Alicia Vikander, que pronto se posiciona entre los dos agentes; y Hugh Grant, con un papel secundario en el que (menos mal) parece haberse olvidado de esos papeles de guaperas histriónico que interpretaba en los ´90 y que le reportó el calificativo de “rey de la comedia romántica”. Yo personalmente no le soportaba, pero reconozco que con el paso de los años, cada vez me gusta más.


“Operación U.N.C.L.E.” puede ser tratada además como el estudio visual de una época, donde la decoración, el vestuario e incluso la forma de hablar y comportarse de los personajes podría definirse como “vintage”, tan de moda en nuestra época, en la que nos volvemos medio locos por objetos que hasta hace diez años tacharíamos de viejunos.
En definitiva, peli muy entretenida que no defraudará a los fans del cine de Guy Ritchie y a los amantes de la decoración sesentera.


viernes, 28 de agosto de 2015

Misión imposible: Nación secreta (Mission: Impossible - Rogue Nation)


Sí. Me gustan las últimas pelis de Tom Cruise. Aunque parezcan la misma. A pesar de “Oblivion”. El caso es que todas ellas son muy entretenidas en comparación con los bodrios que se hacen actualmente. Esos bodrios que una vez terminan te dejan con el cuerpo que ni fu ni fa, sino todo lo contrario. Pues eso, seguid dándole vueltas a la frase, pero es así. El cine de hoy en día es prácticamente igual, porque todas las pelis se parecen entre ellas. De hecho, hay películas que parecen hechas de partes de otras, a modo de collage cinematográfico en el que si coges escenas de aquí y de allá, y cambias un poco la banda sonora, parece que estás viendo esa peli que viste haces dos días... sí hombre, esa en la que secuestran a la chica cuyo padre es un ex-policía que tuvo una movida con los narcos y, desesperado por la situación, llama a su ex-compañero para arreglar el entuerto, muriéndose dramáticamente los malos en una última escena en la que el más malvado vuelve del más allá con una granada con la que mata al amigo del protagonista.


Pero hay alguien que sobresale en ese tipo de cine, y ese es Cruise. ¿Por qué? Porque a la gente le gusta ver como corre, como salta coches haciendo resbalar sus nalgas por el capó o ver esa sonrisa juveniloide en un tío de más de cincuenta tacos.
Misión Imposible: Nación Secreta” ofrece lo que promete: acción a raudales en todos los ámbitos: persecuciones, peleas, gadgets ultramodernos y Tom Cruise corriendo de acá para allá sin tiempo de recuperar el aliento, añadiendo además un toque de humor olvidado en las anteriores entregas de la saga.


Hay gente que dice que no le gusta este tipo de cine, que les parece demasiado violento, o demasiado fantasioso para encontrarle una verosimilitud. Y sobre gustos, colores. Pero tampoco podemos pasarnos la vida de drama en drama en busca de la emoción. Y para desconectar de esta maldita sociedad en la que nos ha tocado vivir nada mejor que algo de acción imposible de creer y un chaval cincuentón de sonrisa perfecta al que no le gusta utilizar dobles en sus escenas peligrosas, y que peli a peli siempre ofrece algo nuevo.


En definitiva, Misión Imposible: Nación Secreta” es una peli de esas fresqueras para los veranos calurosos que hará las delicias de los fans de la saga.

lunes, 1 de junio de 2015

Kung Fury


No os podéis perder “Kung Fury”, el mayor homenaje cinematográfico al cine ochentero que jamás se haya filmado, y además se puede ver gratis en Youtube. En apenas treinta minutos que pasan como un suspiro, recorre el género de acción de aquellas películas en las que la música era exclusivamente la producida por sintetizadores, los coches deportivos descapotables circulaban por las calles de Los Ángeles recorriendo las inmensas hileras de palmeras (recordándote que una vez sentiste lo mismo al jugar al Out- Run) y los modernos llevaban aquellos móviles tipo ladrillo. 


“Kung Fury” es un batiburrillo, aunque bien podría llamarse batiburrazo: mezcla artes marciales, nazis, dinosaurios, vikingos, viajes en el tiempo y pelis policiacas ochenteras de esas en las que el protagonista nunca quiere un compañero, aún traumatizado por la pérdida del anterior, como quien hace una ensalada. Y además le da tiempo a su escena romántica con música de clarinete a lo Kenny G.
Croma, efectos especiales y un estilo ochentoso le dan ese toque que ya han convertido a “Kung Fury” en una película de culto, nacida de una campaña de crowfunding, y de nacionalidad ¡¡¡SUECA!!! Y para que no falte de nada, el tema de la peli, con su videoclip y todo, de la mano de David Hasselhoff.



En definitiva, que la veáis, espero ansioso vuestros comentarios…

domingo, 31 de mayo de 2015

Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo


En una mudanza suelen aparecer objetos que tenías olvidados. O quizá no estaban olvidados, tan solo apartados de tu mirada, esperando ser vistos de nuevo y poder transmitir toda la ilusión que han ido acumulando en el exilio de tu memoria con el paso del tiempo. Pero un día abres una caja de cartón en busca de algún objeto que necesitas y allí están, relucientes, como la última vez que lo tocaste, con aquella característica que los hace únicos en el universo. Lo coges con toda la delicadeza de la que eres capaz mientras se dibuja una sonrisa en la comisura de tus labios, y el tiempo se para. Te dejas llevar en un viaje en tus recuerdos intentando traer a la mente el momento en que por última vez lo tuviste en las manos, buscando cada pequeño detalle y sintiendo la ilusión de la primera vez.
Pues todo lo anterior es lo que he sentido al encontrar mis viejos Súper Humor, esa recopilación de tebeos (que no cómics) en los que tan pronto te encontrabas historias de Mortadelo y Filemón, El botones Sacarino, Zipi y Zape, Rompetechos, Pepe Gotera y Otilio o Trece Rue del Percebe.
Lo mejor es que reconoces de manera instantánea por qué tiene esa esquina de la tapa un poco arrugada, e incluso recuerdas el momento en el que le pegaste esas pegatinas de “V” tan molonas que regalaban con TeleIndiscreta, y que allí siguen, como si hubiesen salido pegadas de la imprenta a la tapa del libro que no reconocerías si no estuvieran allí.


Tras hojear aquellos tebeos no me quedaba otra: tenía que ver la peli “Mortadelo y Filemón contra Jimmy el cachondo”, la nueva peli de Javier Fesser, que ya había llevado a la gran pantalla a los personajes de Ibáñez en “La gran aventura de Mortadelo y Filemón” en su versión de personajes de carne y hueso. El problema de aquella primera historia fue que estaba demasiado “fesserizada”, embutida en el maravilloso mundo de P.Tinto. Pero algo de ella no pertenecía a ese mundo: los personajes, las tramas eran demasiado cómicos y estaban poco asentados en el surrealismo mágico que necesita el citado universo, por lo que al final “La gran aventura de Mortadelo y Filemón” te dejaba en el cuerpo un regusto a que sí pero al final no.


También recordé aquellos episodios cortos dedicados a Mortadelo y Filemón y producidos por Estudios Vara, que emitían los sábados por la mañana, en los que se repetían secuencias una y otra vez. Pero cuando eres pequeño te da igual: te veías lo que pusiesen. Y si además podías ver en movimiento las historias que normalmente veías en los tebeos para anticiparte al final mejor que mejor…


Pero a lo que voy, “Mortadelo y Filemón contra Jimmy el cachondo” es un fiel reflejo del alma que transmitía Ibáñez con sus viñetas: esa España del tipo con el palillo en la boca, esa socarronería cuando al vecino le ocurre algo, el país de la cutrez como bandera y de la pillería como forma de vida. La escena inicial, al modo de las pelis de James Bond es simplemente genial, con guiño a las pelis de acción de toda la vida incluido. Y el desarrollo de la trama, la fijación por los pequeños detalles hacen que fluyan en tu mente recuerdos como los que os contaba antes, esos personajes encuadrados en tu mente en aquella viñeta que no podías parar de mirar, esa trama absurda que te hizo ponerte a intentar dibujar tu propio tebeo (reconozco que, a pesar que el dibujo nunca fue lo mío, las historias que escribí con doce o trece años del Capitán Golosina eran la monda), son recuerdos que al final, de una manera u otra definen parte de ti, porque, reconozcámoslo, nuestra vida no deja de ser la unión de retales a modo de vivencias que vamos cogiendo de aquí y allá, donde los huecos que quedan es lo original que hay de nosotros mismos en cualquier situación.
En definitiva, que no os perdáis “Mortadelo y Filemón contra Jimmy el cachondo”, que está muy bien hecha y es superdivertida… Me voy a por mis Súper Humor.

domingo, 22 de marzo de 2015

Magical girl


¿Qué no haría un padre por su hija? Mejor aún, ¿Qué no haría un padre por su hija enferma? No, todavía se puede exprimir un poco más. ¿Qué no haría un padre por una hija enferma terminal? La respuesta es simple: cualquier cosa. Y cuando digo cualquier cosa me refiero a CUALQUIER COSA. Si a la niña de 12 años le hubiese apetecido un porro, su padre se lo hubiese liado y encendido sin ningún problema ni remordimiento. Sólo quiere ver a su hija feliz cueste lo que cueste. El problema es que a su hija lo único que le haría feliz sería el traje de uno de sus personajes de animación favoritos, japonés a más reseña. Pero estando en paro y teniendo que recurrir a empeñar la colección de libros (debe ser algo duro para un profesor de literatura) para poder comer, el trajecito de marras (casi un artículo de coleccionista) resulta un artículo inalcanzable.


Con estas premisas nace “Magical Girl”, seguramente la película más sorprendente del panorama cinematográfico español de los últimos meses, incluso de los últimos años. Pero además, todo funciona como un efecto dominó: casi por casualidad entra en escena Bárbara Lennie (que recibió el Goya a la mejor interpretación femenina por su papel), como mujer con problemas psicológicos que se ve obligada a retomar una vida pasada que todavía no ha olvidado. Para cerrar el efecto dominó, encontramos a Damián (José Sacristán) como otra de las fichas que van cayendo arrastradas por una situación de la que siquiera sabía su existencia. Y así, en un ambiente pausado, se van moviendo todas las piezas, todos los detalles que enrocan la historia de manera cada vez más enrevesada, hasta llegar a un final fascinante, en el que cada personaje encaja a la perfección como piezas de un todo que son.


“Magical Girl” es una peli distinta, dura, ácida, que te golpea con sus planos, dirigida con mano paciente y firme, sustentada en un guion sin fisuras, y con interpretaciones que rozan la perfección. Lo único malo que se le puede achacar es la falta de promoción, aunque quizá tampoco le haga falta tras haber recogido una buena cosecha en la temporada de premios.



En definitiva, cine español muy distinto que es muy necesario. No os la perdáis.

sábado, 21 de marzo de 2015

Nigthcrawler



Jake Gyllenhaal es un prototipo de actor muy distinto al habitual. Alejado de las megaproducciones (al menos últimamente), su búsqueda de personajes le hace embarcarse en proyectos más que peculiares en los que se incluso se atreve a involucrarse como productor. Cada interpretación es como un puñetazo en la mesa, una apuesta por llevarse más allá del límite racional de lo que significa la interpretación, lo cual le ha convertido en uno de los actores más sobresalientes de su generación.


En “Nightcrawler”, Gyllenhaal interpreta a un chaval con poca suerte en la vida que le hace vivir al día, dando pequeños golpes aquí y allá. Una noche, mientras conduce de vuelta a casa, es testigo de un accidente en la autopista, pero sobre todo descubre un mundo que hasta el momento ha pasado inadvertido para él: el mundo de los caza imágenes en tragedias que actúan como freelance para vender las imágenes a las cadenas de televisión. Así que se hace con una cámara y se introduce en la noche de Los Ángeles en busca de las desgracias ajenas para poder seguir adelante.


“Nightcrawler” es una película incómoda, aunque por su manera de ser contada no lo pueda parecer, ya que tiene un humor ácido, muy ácido, que en más de una escena te deja con la boca abierta y al mismo tiempo te hace cambiar de postura en la butaca. Te enseña que los convencionalismos morales en realidad son los límites de la conciencia personal, esa vocecilla interior que te deja o no dormir dependiendo de tus actos. Pero, ¿y si existe gente que carece de esa vocecilla? ¿Y si sólo tienen una vocecilla que les haga salir en busca de la satisfacción de sus deseos para poder descansar?


Pero “Nightcrawler” es también una crítica al periodismo actual, más interesado en llegar al máximo de audiencia posible que en la calidad de los contenidos que emiten. Vamos, que lo importante es la cantidad, y no la calidad. Pero se podría decir que lo que busca la gente es el dolor, la desgracia, porque al final son ellos los que hacen a los distintos medios seguir una lucha encarnizada por atraerles. Pero en definitiva, los medios son aquello que quieren que sean aquellos que los dirigen, y si, como decía anteriormente, estos no tienen una vocecilla a modo de conciencia, sino otra de ganar a toda costa, lo que veamos en las televisiones será aquello que más morbo y satisfacción de al espectador voyeur que todos llevamos dentro.



En definitiva, “Nightcrawler” es imprescindible para aquellos a los que les gusten las historias distintas, pero que están más cerca de la realidad de lo que podamos creer.

domingo, 15 de marzo de 2015

Boyhood



Seguro que alguien ha tenido en alguna ocasión la sensación que voy a describir. Llega a tus manos un regalo por cualquier manido motivo, o sin motivo, da igual. Lo ves ahí, perfectamente envuelto en un papel de regalo llamativo y original, sin una arruga y coronado con un lazo que tú nunca serías capaz de hacer. Te da pena hasta abrirlo. Pero llega el momento, y te esmeras en deshacer el nudo del lazo, disfrutando del tacto de la seda al deslizarse por tus dedos; intentas no romper el papel aunque sabes que al final acabará en el cubo de la basura; y cuando al fin ves el contenido, te encuentras con un juego de pañuelos de tela con tus iniciales bordadas que nunca utilizarás e irán cogiendo un color amarillento en el cajón en el que los guardes; o una maquinilla de afeitar con sus recambios y un gel para afeitar que sí utilizarás, pero que algún día no recordarás cómo llegó a tu baño, y de hacerlo, será con una sonrisa socarrona.


Pues más o menos esto es lo que ocurre con “Boyhood”: un continente atrayente y novedoso por lo arriesgado de la idea, que una vez te pones a verlo se va desmontando y deshaciendo ante tu mirada. Hay que tener mucho valor para llevar a la realidad un proyecto tan ambicioso como el de Richard Linklater con “Boyhood”: hacer una película sobre la vida de un niño a lo largo de 12 años, pero en tan solo 39 días de rodaje. Lo que ocurre es que en el envoltorio novedoso supone que tengas que encontrarte algo dentro. Y lo que encontré fue el crecimiento y desarrollo de un chaval a través de las vicisitudes, trampas y alegrías que le van surgiendo en la vida. A algunos les parecerá más que suficiente encontrarse una vida en el cine, pero a otros nos ha dejado más bien fríos. O indiferentes para expresarlo mejor. Sí, es curioso ver cómo crecen los chavales, sobre todo el protagonista, y cómo va dirigiendo su vida. Pero le falta algo, esa chispa que hace de una historia normal algo extraordinario. Y no vale con decir que el tiempo es lo que hace mágica a la película, porque el tiempo está ahí para todos, y no por hacer lo mismo va a surgir de repente una genialidad. Seguro que más de una persona ha tenido la idea de hacer una foto a su hijo cada día de su vida durante años para hacer un montaje años después. Es algo increíble, pero reconozcamos que a no ser que en esa familia haya fuera algo de la normalidad, la historia como que ni fu ni fa.


Patricia Arquette en el papel de madre ha conseguido el Oscar como mejor actriz de reparto, y su interpretación seguramente la merezca, como esa madre luchadora que intenta sacar adelante a sus hijos y nunca tuvo suerte en el amor por un motivo u otro. Me gustó más en el papel de padre Ethan Hawke, en el que la evolución también se aprecia en el tiempo, en el que se ve marcada una tendencia muy habitual en el crecimiento de las personas: según las personas van creciendo, con el paso del tiempo se van convirtiendo en personas más conservadoras con una visión más relativista de la vida.


En definitiva, una manera muy original de hace cine, aunque al final las dos horas y media largas de peli acaban pasando factura…

sábado, 14 de marzo de 2015

Kingsman. Servicio secreto (Kingsman. The Secret Service)


Una peli que comienza con los primeros acordes de “Money for nothing” de los Dire Straits no puede ser mala. Y aunque tiene altibajos evidentes, hacía tiempo que no me divertía tanto en el cine. En realidad la parte más divertida y loca de “Kingsman. Servicio secreto” es la última media hora, el resto de la peli te va preparando poco a poco para lo que va a venir.


No soy yo mucho de Colin Firth. No le termino de pillar el tranquillo, a pesar de que me pongo a pensar y recuerdo que ha participado en las pelis de Bridget Jones en el papel totalmente opuesto al de Hugh Grant, como un estirado y soporífero inglés; ha sido espía en “El topo”, una peli con un ritmo tan lento que te permite cortar y analizar cada secuencia hasta el matiz más insignificante; ha sido rey de Inglaterra en “El discurso del Rey”, donde si bien la peli para mí está sobrevalorada, reconozco que Firth sale más que airoso del reto… Joer, al final parece que me gustan las pelis en las que aparece Colin Firth.


Y para rematar la faena, Firth me ha encantado en “Kingsman. Servicio secreto”, aunque no sé si por él mismo o por todo lo que le rodea: un superagente de una organización secreta con más estilo que James Bond que tiene como misión reclutar a un joven. Entre gadgets, trajes de tweed, gafas de pasta, Samuel L. Jackson robaescenas interpretando al malvado con frenillo, Michael Caine como estrella invitada y Mark Strong (que ya sale en casi todas las pelis que se estrenan, ¿o me lo parece?) como chico para todo han conseguido crear un universo propio que culmina con un desparrame (en todos los sentidos) final que es de lo más brutal que se ha podido ver en el cine en los últimos tiempos.
En definitiva, una peli de acción con mucho humor y muy disparatada. No os la perdáis.

domingo, 1 de marzo de 2015

El año que fui gratis al cine gracias a Audrey Hepburn

Sí, durante buena parte de 2014 y algo menos buena de 2015 he estado yendo al cine gratis. Para alguien enganchado a una pantalla como yo ha sido un auténtico lujo poder ir a ver todo aquello que quisiera tantas veces como quisiera.
La culpa la tuvo un sorteo anunciado en Facebook de los amigos de Canal Hollywood, en el que pedían que eligieses, entre una selección, a la mejor actriz de ese grupo de películas. Y claro, allí estaba, reluciente, Audrey Hepburn, que me miró fugazmente y me inspiró una frase que me haría ganador.


Así que aprovechando la cercanía de los cines Yelmo, y con la oportunidad de poder ir todos los días a ver lo que quisiera o quisiese, empecé nada más recibir mi tarjeta VIP. Pero la cosa no empezó demasiado bien: La gran estafa americana. Estafado salí de la sala aunque no pagué nada. Por la peli y por la horda de adolescentes juveniloides sentados en las última fila, que ante la falta de interés por la película empezaron con comentarios, risitas, selfies con sus móviles, etc. Hasta que me inflaron, me di la vuelta y les metí un grito que no solo hizo que se callasen, sino que abandonaron la proyección antes de que acabara.
Luego ya vinieron otras pelis más o menos acertadas (Gravity en 3D era obligatoria), incluyendo uno de los grandes éxitos del año: Ocho apellidos vascos.


He podido disfrutar de mucho cine español, buenos y menos bueno, de blockbusters de superhéroes (personalmente Garfield me parece un buen Spiderman) y alguna peli con argumento bíblico que me dejó a medias...


También me he tragado bodrios como Godzilla y la infumable Malditos vecinos, he salido encantado de ver el retorno de Kevin Costner en 3 días para matar y a Angelina Jolie como Maléfica y he descubierto a las voces que están detrás de las grandes estrellas de la música en A veinte pasos de la fama...


He encontrado películas sorprendentes, como Open Windows, y pelis decepcionantes como Transcendence; otras con aire a clásico, como Las dos caras de enero y más blockbusters que tampoco me parecieron cosa del otro mundo...


He disfrutado como un niño con Guardianes de la galaxia (más de una vez, lo reconozco); he descubierto el buen rollo que dejan las canciones grabadas por todo Nueva York en Begin Again y uno de los taquillazos del año en España, El niño...


He disfrutado viendo La isla mínima, una de las mejores películas españolas de los últimos años, y Clint Eastwood me medio decepcionó por primera vez con sus Jersey Boys; intenté pasar miedo con Líbranos del mal...


Con La entrega no sentí ni frío ni calor; pero Perdida me dejó alucinado (gracias Fincher); Torrente se vino abajo y con Un viaje de diez metros volví a recordar los aromas de la cocina hindú en plena campiña francesa...


Relatos Salvajes supuso una bocanada de aire fresco; Drácula Untold fue un bodrio soporífero; pude ver, al fin, en pantalla grande, la peli que más veces he visto en mi vida, de la que me sé buena parte de los diálogos y de la que soy fan total: Los cazafantasmas; Nolan me volvió a a absorber con una de sus historias en Interstellar; vi el pansinsal de Sinsajo, la penúltima de la saga de Los juegos del hambre; y el al parecer ocaso de Ridley Scott con su Exodus...


Me dio el bajón con Magia  a la luz de la luna, de Woody Allen; me partí de risa con la familia de Dios mío, pero qué te hemos hecho?; por fin acabó la trilogía de El Hobbit; y empezó la temporada de las películas con nominaciones a los Oscars con la irrepetible Birdman; el gran Cumberbacht en The imitation game; y personalmente, una de las películas más sorprendentes que he visto en los últimos años, Whiplash...


Sucumbí a la publicidad y los trailers y me aburrí en Into the woods; me emocioné con la interpretación de Eddie Redmayne en La teoría del todo; me quedé incrustado en la butaca, con los ojos bien abiertos y casi sin poder pestañear viendo Nightcrawler; me encantó el último bodrio de los Wachowsky, El destino de Júpiter; me descojoné (de lo mala que es) con los diálogos de "Cincuenta sombras de Grey"; Clint Eastwood recuperó el tono con su El francotirador; y para despedir un fantástico año de cine, me divertí de lo lindo con Kingman, Servicio secreto.
Será difícil repetir un año de cine igual: más de 70 películas en pantalla grande sólo está a la altura de críticos de verdad y gente especializada. Pero haremos lo posible por ententar, si no superarlo, al menos repetirlo...
Nos vemos en el cine.

Dunkerque (Dunkirk)

Os va a sonar raro, pero Dunquerke no es una película bélica. Según palabras del propio Christopher Nolan , Dunkerque es un thriller ...