viernes, 9 de enero de 2015

El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos (The Hobbit: The Battle of the Five Armies)


Que sí, que muy espectacular "El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos". Un final colosal para la segunda trilogía ideada por Peter Jackson, al que le pudo más el ansia de dinero que ser fiel a la historia original de J.R.R. Tolkien. Si en las películas que formaban la trilogía de "El señor de los anillos" las licencias cinematográficas en base a la obra literaria estaban al servicio de la historia y eran totalmente asumibles y entendibles por el espectador que suscribe, las licencias tomadas en la saga de “El Hobbit” han conseguido desvirtuar una historia que no dejaba de ser un cuento dirigido a entretener a los hijos de J.R.R. Tolkien, aunque finalmente se convirtiese en un relato.


De haberlo sabido, seguro que Jackson se hubiera marcado una saga todavía más larga con “El señor de los anillos”. Ya las versiones extendidas duran casi cuatro horas, así que con algunas escenas adicionales que no tuvieron cabida en los montajes cinematográficos, un retoque por aquí y otro por allá, podría (o podrá, vete tú a saber si de aquí a un tiempo no saca una edición superespecial con megamontaje inédito) elaborar una trilogía por cada uno de los libros originales.
Pero bueno, para terminar con "El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos", he de decir que a pesar de las malas críticas siempre es un placer poder asomarte un rato a la Tierra Media, volver a ver a Gandalf, elfos, hobbits y demás criaturas que allí habitan, y que si te gustó la saga de “El señor de los anillos” no tiene porqué no gustarte “El Hobbit”.


El caso es que una vez que han pasado, y hasta que salga la última edición extendida de "El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos", la trilogía de “El Hobbit” ha sido un melancólico volver a casa, donde la impresión es que es más importante volver a evocar aquellos lugares que hace años visitamos y queremos intentar recordar en nuestra mente que la propia historia de Bilbo. Incluso la cámara se recrea en esos lugares, como Bolsón Cerrado, El Pony Pisador o Rivendel, dejando de lado la trama, como si quisiera rememorar otras historias que vivimos una vez. Es como volver a casa, entrar en la que fuera tu habitación y avanzar dando pequeños pasos mientras vas rozando con los dedos aquellos libros que una vez leíste, y que consiguen transmitirte unas sensaciones que se grabaron a fuego en tu memoria: siempre las tendrás ahí.

En definitiva, un final épico para una historia épica que se ha alargado demasiado por la llamada mercadotecnia… ¿Se atreverá Peter Jackson con “El Simarilion”? No creo…

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