domingo, 22 de febrero de 2015

Cincuenta sombras de Grey (Fifty Shades of Grey)


A E.L. James hay que reconocerle dos cosas: la primera, que ha conseguido que más de una persona coja un libro después de muchos años sin hacerlo, o incluso, que alguien por primera vez se lea tres de pe a pa por mucho sexo que contengan. Ojalá mucho autores tuviesen la suerte de ver como sus historias, nacidas de sugerencias y experiencias de su mente, corren de boca en boca hasta hacer que miles, millones de personas se sumerjan en las palabras y consigan evocar en sus mentes lo que una vez una persona imaginó. Lo bueno es que después de leer la trilogía de Cincuenta Sombras, muchas de esas personas se han enganchado a la llamada literatura erótica y han seguido leyendo. Lo malo, que otras muchas personas no volverán a tocar un libro a no ser que se haya descolocado de la estantería.
El segundo aspecto a reconocerle a E.L. James es que, aprovechando el tirón literario, ha llenado con su historia las salas de cine. Algunos de los que han ido a verla han echado en falta la figura del acomodador, otros se han sorprendido de que la sala tuviese las butacas escalonadas, y otros aún se están preguntando para qué sirve el agujero de plástico que hay pegado en el borde del reposabrazos.
Y ya. Ya no le voy a agradecer nada más a esta señora. Porque para mí la peli (los libros no los he leído y espero no verme obligado a hacerlo jamás) es un esperpento de una magnitud sonrojante. Según mis fuentes, que sí han tenido la oportunidad (o el castigo) de leer “Cincuenta sombras de Grey”, la han edulcorado tanto que al final está totalmente desvirtuada, que ya sería bastante si sólo fuese eso.


Resulta que a una mocita de las de blusa ancha remetida por la falda y rebequita hasta en agosto, de las que conducen un escarabajo desvencijado y cochambroso, llamada Anastasia, hace una entrevista a un mega millonario superseco (Grey). Y ella, que no ha conocido hombre, de la impresión que le causa, casi tiene un orgasmo. Pero a él también le ha camelao ella, y va a buscarla a la ferretería en la que trabaja (en la que se pone su camisa de cuadros de franela y su peto vaquero) y a comprarse unas bridas, cinta americana y unas cuerdas. Ella piensa que se le deben de haber roto las cuerdas de las cortinas y que va a hacer unos flecos de adorno (porque interpreta que ve Bricomanía). Pero nada más lejos de la realidad. Cuando le pide una cita a Anastasia se le hace el potorro pesicola, y cuando ve que la cita es en helicóptero y que el tal Grey es además piloto empieza a pensar que puede dar el braguetazo. Y en estas están, que si sí que si no, cuando él la lleva a su casa y ella le pregunta que si le va a hacer el amor (y a partir de aquí comienza el festival de frases memorables), a lo que él contesta que él no hace el amor, que él folla. Y se queda tan ancho. Ella como es una pánfila le sonríe la gracieta y se deja hacer. Pero algo ha salido mal, porque después de estar dale que te pego, salen a relucir los traumas del tal Grey, y para no ponerse a llorar se tiene que bajar a tocar el piano a oscuras en medio de la noche. Pero a ella le ha molao el tema y vuelve a buscarle para restregarse otro rato. Es entonces cuando Grey le desvela su secreto cuando le enseña su habitación de juegos. Anastasia cree que es el lugar donde tiene la X-Box One, pero resulta que al Grey lo que le pone es el sexo duro, con fustas, esposas y cosas así. Anastasia cae entonces en el uso que le da las bridas Grey, a lo que vuelve a sonreír. La habitación resulta tener las paredes y los muebles rojos, y una vez dentro la mujer de la limpieza (fuera de plano) piensa en que le va a tocar limpiar otra vez la guarrería que va dejando su jefe cada vez que lleva a una moza a casa. Lo peor son los manchurrones, que le toca frotar con Kh-7, y piensa que para lo que tiene que hacer, el trabajo no está bien pagao. Va a ver si vuelve al pueblo con sus padres que le compensa más. Pero lo de la mujer de la limpieza es otra historia. A ver si la cuentan en la segunda parte.


Después del que te pego con la fusta, que te ato a la cama, Grey quiere que Anastasia le firme un contrato en el que se especifiquen las posturas que pueden hacer: que si el misionero revenío, que si la carretilla desinflá, que si el 68,… Ella no lo ve claro, y quiere que le haga unas prácticas para ver si se las convalida. Y es entonces cuando Grey le pega con el cinturón, y ella se da cuenta que no le mola para nada el plan, por lo que se pira de allí, dejándole más solo que la una.


Como veis, muy verosímil la historia. Lo que ocurre es que hay uno de los personajes que no da el pego para nada. Es Jamie Dornan (Grey), al que le viene muy grande un papel así, y tiene una cara de pansinsal que no se lame. Sin embargo, su pareja en la ficción, Dakota Johnson (Anastasia) está muy por encima en cuanto a interpretación y credibilidad de su personaje. Ella es, junto con Haunted (tema de Beyoncé), lo mejor de la película.



En definitiva, no se la recomiendo a nadie, a no ser que queráis pasar un rato de risa al escuchar las mamarrachadas de algún guionista que quiso descargar su ira contra un público que alguna vez le dio la espalda…
PD: la parte del resumen está basada en las Sinopsis de Cine de Ángel Sanchidrian que son divertidísimas... 

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