domingo, 22 de marzo de 2015

Magical girl


¿Qué no haría un padre por su hija? Mejor aún, ¿Qué no haría un padre por su hija enferma? No, todavía se puede exprimir un poco más. ¿Qué no haría un padre por una hija enferma terminal? La respuesta es simple: cualquier cosa. Y cuando digo cualquier cosa me refiero a CUALQUIER COSA. Si a la niña de 12 años le hubiese apetecido un porro, su padre se lo hubiese liado y encendido sin ningún problema ni remordimiento. Sólo quiere ver a su hija feliz cueste lo que cueste. El problema es que a su hija lo único que le haría feliz sería el traje de uno de sus personajes de animación favoritos, japonés a más reseña. Pero estando en paro y teniendo que recurrir a empeñar la colección de libros (debe ser algo duro para un profesor de literatura) para poder comer, el trajecito de marras (casi un artículo de coleccionista) resulta un artículo inalcanzable.


Con estas premisas nace “Magical Girl”, seguramente la película más sorprendente del panorama cinematográfico español de los últimos meses, incluso de los últimos años. Pero además, todo funciona como un efecto dominó: casi por casualidad entra en escena Bárbara Lennie (que recibió el Goya a la mejor interpretación femenina por su papel), como mujer con problemas psicológicos que se ve obligada a retomar una vida pasada que todavía no ha olvidado. Para cerrar el efecto dominó, encontramos a Damián (José Sacristán) como otra de las fichas que van cayendo arrastradas por una situación de la que siquiera sabía su existencia. Y así, en un ambiente pausado, se van moviendo todas las piezas, todos los detalles que enrocan la historia de manera cada vez más enrevesada, hasta llegar a un final fascinante, en el que cada personaje encaja a la perfección como piezas de un todo que son.


“Magical Girl” es una peli distinta, dura, ácida, que te golpea con sus planos, dirigida con mano paciente y firme, sustentada en un guion sin fisuras, y con interpretaciones que rozan la perfección. Lo único malo que se le puede achacar es la falta de promoción, aunque quizá tampoco le haga falta tras haber recogido una buena cosecha en la temporada de premios.



En definitiva, cine español muy distinto que es muy necesario. No os la perdáis.

sábado, 21 de marzo de 2015

Nigthcrawler



Jake Gyllenhaal es un prototipo de actor muy distinto al habitual. Alejado de las megaproducciones (al menos últimamente), su búsqueda de personajes le hace embarcarse en proyectos más que peculiares en los que se incluso se atreve a involucrarse como productor. Cada interpretación es como un puñetazo en la mesa, una apuesta por llevarse más allá del límite racional de lo que significa la interpretación, lo cual le ha convertido en uno de los actores más sobresalientes de su generación.


En “Nightcrawler”, Gyllenhaal interpreta a un chaval con poca suerte en la vida que le hace vivir al día, dando pequeños golpes aquí y allá. Una noche, mientras conduce de vuelta a casa, es testigo de un accidente en la autopista, pero sobre todo descubre un mundo que hasta el momento ha pasado inadvertido para él: el mundo de los caza imágenes en tragedias que actúan como freelance para vender las imágenes a las cadenas de televisión. Así que se hace con una cámara y se introduce en la noche de Los Ángeles en busca de las desgracias ajenas para poder seguir adelante.


“Nightcrawler” es una película incómoda, aunque por su manera de ser contada no lo pueda parecer, ya que tiene un humor ácido, muy ácido, que en más de una escena te deja con la boca abierta y al mismo tiempo te hace cambiar de postura en la butaca. Te enseña que los convencionalismos morales en realidad son los límites de la conciencia personal, esa vocecilla interior que te deja o no dormir dependiendo de tus actos. Pero, ¿y si existe gente que carece de esa vocecilla? ¿Y si sólo tienen una vocecilla que les haga salir en busca de la satisfacción de sus deseos para poder descansar?


Pero “Nightcrawler” es también una crítica al periodismo actual, más interesado en llegar al máximo de audiencia posible que en la calidad de los contenidos que emiten. Vamos, que lo importante es la cantidad, y no la calidad. Pero se podría decir que lo que busca la gente es el dolor, la desgracia, porque al final son ellos los que hacen a los distintos medios seguir una lucha encarnizada por atraerles. Pero en definitiva, los medios son aquello que quieren que sean aquellos que los dirigen, y si, como decía anteriormente, estos no tienen una vocecilla a modo de conciencia, sino otra de ganar a toda costa, lo que veamos en las televisiones será aquello que más morbo y satisfacción de al espectador voyeur que todos llevamos dentro.



En definitiva, “Nightcrawler” es imprescindible para aquellos a los que les gusten las historias distintas, pero que están más cerca de la realidad de lo que podamos creer.

domingo, 15 de marzo de 2015

Boyhood



Seguro que alguien ha tenido en alguna ocasión la sensación que voy a describir. Llega a tus manos un regalo por cualquier manido motivo, o sin motivo, da igual. Lo ves ahí, perfectamente envuelto en un papel de regalo llamativo y original, sin una arruga y coronado con un lazo que tú nunca serías capaz de hacer. Te da pena hasta abrirlo. Pero llega el momento, y te esmeras en deshacer el nudo del lazo, disfrutando del tacto de la seda al deslizarse por tus dedos; intentas no romper el papel aunque sabes que al final acabará en el cubo de la basura; y cuando al fin ves el contenido, te encuentras con un juego de pañuelos de tela con tus iniciales bordadas que nunca utilizarás e irán cogiendo un color amarillento en el cajón en el que los guardes; o una maquinilla de afeitar con sus recambios y un gel para afeitar que sí utilizarás, pero que algún día no recordarás cómo llegó a tu baño, y de hacerlo, será con una sonrisa socarrona.


Pues más o menos esto es lo que ocurre con “Boyhood”: un continente atrayente y novedoso por lo arriesgado de la idea, que una vez te pones a verlo se va desmontando y deshaciendo ante tu mirada. Hay que tener mucho valor para llevar a la realidad un proyecto tan ambicioso como el de Richard Linklater con “Boyhood”: hacer una película sobre la vida de un niño a lo largo de 12 años, pero en tan solo 39 días de rodaje. Lo que ocurre es que en el envoltorio novedoso supone que tengas que encontrarte algo dentro. Y lo que encontré fue el crecimiento y desarrollo de un chaval a través de las vicisitudes, trampas y alegrías que le van surgiendo en la vida. A algunos les parecerá más que suficiente encontrarse una vida en el cine, pero a otros nos ha dejado más bien fríos. O indiferentes para expresarlo mejor. Sí, es curioso ver cómo crecen los chavales, sobre todo el protagonista, y cómo va dirigiendo su vida. Pero le falta algo, esa chispa que hace de una historia normal algo extraordinario. Y no vale con decir que el tiempo es lo que hace mágica a la película, porque el tiempo está ahí para todos, y no por hacer lo mismo va a surgir de repente una genialidad. Seguro que más de una persona ha tenido la idea de hacer una foto a su hijo cada día de su vida durante años para hacer un montaje años después. Es algo increíble, pero reconozcamos que a no ser que en esa familia haya fuera algo de la normalidad, la historia como que ni fu ni fa.


Patricia Arquette en el papel de madre ha conseguido el Oscar como mejor actriz de reparto, y su interpretación seguramente la merezca, como esa madre luchadora que intenta sacar adelante a sus hijos y nunca tuvo suerte en el amor por un motivo u otro. Me gustó más en el papel de padre Ethan Hawke, en el que la evolución también se aprecia en el tiempo, en el que se ve marcada una tendencia muy habitual en el crecimiento de las personas: según las personas van creciendo, con el paso del tiempo se van convirtiendo en personas más conservadoras con una visión más relativista de la vida.


En definitiva, una manera muy original de hace cine, aunque al final las dos horas y media largas de peli acaban pasando factura…

sábado, 14 de marzo de 2015

Kingsman. Servicio secreto (Kingsman. The Secret Service)


Una peli que comienza con los primeros acordes de “Money for nothing” de los Dire Straits no puede ser mala. Y aunque tiene altibajos evidentes, hacía tiempo que no me divertía tanto en el cine. En realidad la parte más divertida y loca de “Kingsman. Servicio secreto” es la última media hora, el resto de la peli te va preparando poco a poco para lo que va a venir.


No soy yo mucho de Colin Firth. No le termino de pillar el tranquillo, a pesar de que me pongo a pensar y recuerdo que ha participado en las pelis de Bridget Jones en el papel totalmente opuesto al de Hugh Grant, como un estirado y soporífero inglés; ha sido espía en “El topo”, una peli con un ritmo tan lento que te permite cortar y analizar cada secuencia hasta el matiz más insignificante; ha sido rey de Inglaterra en “El discurso del Rey”, donde si bien la peli para mí está sobrevalorada, reconozco que Firth sale más que airoso del reto… Joer, al final parece que me gustan las pelis en las que aparece Colin Firth.


Y para rematar la faena, Firth me ha encantado en “Kingsman. Servicio secreto”, aunque no sé si por él mismo o por todo lo que le rodea: un superagente de una organización secreta con más estilo que James Bond que tiene como misión reclutar a un joven. Entre gadgets, trajes de tweed, gafas de pasta, Samuel L. Jackson robaescenas interpretando al malvado con frenillo, Michael Caine como estrella invitada y Mark Strong (que ya sale en casi todas las pelis que se estrenan, ¿o me lo parece?) como chico para todo han conseguido crear un universo propio que culmina con un desparrame (en todos los sentidos) final que es de lo más brutal que se ha podido ver en el cine en los últimos tiempos.
En definitiva, una peli de acción con mucho humor y muy disparatada. No os la perdáis.

domingo, 1 de marzo de 2015

El año que fui gratis al cine gracias a Audrey Hepburn

Sí, durante buena parte de 2014 y algo menos buena de 2015 he estado yendo al cine gratis. Para alguien enganchado a una pantalla como yo ha sido un auténtico lujo poder ir a ver todo aquello que quisiera tantas veces como quisiera.
La culpa la tuvo un sorteo anunciado en Facebook de los amigos de Canal Hollywood, en el que pedían que eligieses, entre una selección, a la mejor actriz de ese grupo de películas. Y claro, allí estaba, reluciente, Audrey Hepburn, que me miró fugazmente y me inspiró una frase que me haría ganador.


Así que aprovechando la cercanía de los cines Yelmo, y con la oportunidad de poder ir todos los días a ver lo que quisiera o quisiese, empecé nada más recibir mi tarjeta VIP. Pero la cosa no empezó demasiado bien: La gran estafa americana. Estafado salí de la sala aunque no pagué nada. Por la peli y por la horda de adolescentes juveniloides sentados en las última fila, que ante la falta de interés por la película empezaron con comentarios, risitas, selfies con sus móviles, etc. Hasta que me inflaron, me di la vuelta y les metí un grito que no solo hizo que se callasen, sino que abandonaron la proyección antes de que acabara.
Luego ya vinieron otras pelis más o menos acertadas (Gravity en 3D era obligatoria), incluyendo uno de los grandes éxitos del año: Ocho apellidos vascos.


He podido disfrutar de mucho cine español, buenos y menos bueno, de blockbusters de superhéroes (personalmente Garfield me parece un buen Spiderman) y alguna peli con argumento bíblico que me dejó a medias...


También me he tragado bodrios como Godzilla y la infumable Malditos vecinos, he salido encantado de ver el retorno de Kevin Costner en 3 días para matar y a Angelina Jolie como Maléfica y he descubierto a las voces que están detrás de las grandes estrellas de la música en A veinte pasos de la fama...


He encontrado películas sorprendentes, como Open Windows, y pelis decepcionantes como Transcendence; otras con aire a clásico, como Las dos caras de enero y más blockbusters que tampoco me parecieron cosa del otro mundo...


He disfrutado como un niño con Guardianes de la galaxia (más de una vez, lo reconozco); he descubierto el buen rollo que dejan las canciones grabadas por todo Nueva York en Begin Again y uno de los taquillazos del año en España, El niño...


He disfrutado viendo La isla mínima, una de las mejores películas españolas de los últimos años, y Clint Eastwood me medio decepcionó por primera vez con sus Jersey Boys; intenté pasar miedo con Líbranos del mal...


Con La entrega no sentí ni frío ni calor; pero Perdida me dejó alucinado (gracias Fincher); Torrente se vino abajo y con Un viaje de diez metros volví a recordar los aromas de la cocina hindú en plena campiña francesa...


Relatos Salvajes supuso una bocanada de aire fresco; Drácula Untold fue un bodrio soporífero; pude ver, al fin, en pantalla grande, la peli que más veces he visto en mi vida, de la que me sé buena parte de los diálogos y de la que soy fan total: Los cazafantasmas; Nolan me volvió a a absorber con una de sus historias en Interstellar; vi el pansinsal de Sinsajo, la penúltima de la saga de Los juegos del hambre; y el al parecer ocaso de Ridley Scott con su Exodus...


Me dio el bajón con Magia  a la luz de la luna, de Woody Allen; me partí de risa con la familia de Dios mío, pero qué te hemos hecho?; por fin acabó la trilogía de El Hobbit; y empezó la temporada de las películas con nominaciones a los Oscars con la irrepetible Birdman; el gran Cumberbacht en The imitation game; y personalmente, una de las películas más sorprendentes que he visto en los últimos años, Whiplash...


Sucumbí a la publicidad y los trailers y me aburrí en Into the woods; me emocioné con la interpretación de Eddie Redmayne en La teoría del todo; me quedé incrustado en la butaca, con los ojos bien abiertos y casi sin poder pestañear viendo Nightcrawler; me encantó el último bodrio de los Wachowsky, El destino de Júpiter; me descojoné (de lo mala que es) con los diálogos de "Cincuenta sombras de Grey"; Clint Eastwood recuperó el tono con su El francotirador; y para despedir un fantástico año de cine, me divertí de lo lindo con Kingman, Servicio secreto.
Será difícil repetir un año de cine igual: más de 70 películas en pantalla grande sólo está a la altura de críticos de verdad y gente especializada. Pero haremos lo posible por ententar, si no superarlo, al menos repetirlo...
Nos vemos en el cine.