viernes, 12 de febrero de 2016

Spotlight


Siempre quise estudiar periodismo. Cuando me centré en los estudios (por causas que no vienen al caso) mi intención era sacar nota para matricularme en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. Pero ya era tarde. Demasiados años remoloneando como para tener una nota de acceso de las más altas de entonces, cuando todos queríamos ser periodistas por un motivo u otro: unos por seguir la tradición familiar (no era mi caso); otros por creer que serían los nuevos De la Morena y compañía, que por aquel entonces eran lo más (tampoco era mi intención); otros por perseguir la verdad, porque su mente conspiranoica pensaba que estábamos engañados y necesitaban hacer salir a la verdad en la que la habían sumido los maneja-sombras del mal (tampoco era mi caso, pero con el tiempo sólo encuentras la respuesta cuestionándote todo).


A mí lo que me gustaba era escribir, investigar el porqué de las cosas e intentar explicarlas de una manera razonablemente sencilla, ir al meollo de lo que estaba pasando, intentar comprenderlo, ponerme en situación. Pero nada. No hubo manera.
Todo aquél interés periodístico se lo deba, seguramente, al cine. Esas pelis furtivas del Cine Club de La 2 tuvieron mucha culpa: “Primera plana”, de Billy Wilder; “Ciudadano Kane”, de Orson Wells, y considerada como la mejor película de la historia del cine (sic), aunque por más veces que la vea no me consigo enterar de nada; o la deliciosa “Luna nueva”, con Cary Grant se convertían en modelos de lo que quería ser: esas redacciones bulliciosas, con pilas de papeles sobre las mesas que convertían el caos en un orden perfectamente milimetrado, con el sonido de los teléfonos, las teclas de las máquinas de escribir y el timbre del carro al llegar al margen.


Años después, cuando ya has superado tu frustración, te sigue picando el gusanillo, y cuando ves que estrenan una peli sobre periodismo allá que vas. Aunque últimamente tampoco es que haya mucho donde elegir: me gustó bastante “Buenas noches, y buena suerte” la peli de George Clooney que recreaba la lucha de un grupo de periodistas contra la caza de brujas de los años 50 en Estados Unidos; no estuvo mal “La sombra del poder”, con un Russell Crowe siempre solvente; más regulera me pareció “Matar al mensajero”; y un peliculazo que vi, antes de “Spotlight”, con un Jake Gyllenhaal inconmensurable, “Nightcrowler”, aunque más que una peli de periodismo es un mensaje contra la sociedad enferma en la que vivimos.


“Spotlight” es periodismo en estado puro, es la búsqueda de la verdad escondida entre mil y una trampas y aplastada por el peso de la burocracia, pero que siempre está latente, deseando ser encontrada y divulgada. Un caso de pederastia oculto bajo 30 años de mentiras, falsedades y todo aquello que pueda comprar el dinero para que el silencio sea el único ruido existente para una sociedad oculta bajo el tupido velo de la castidad y la decencia. Y la lucha de un grupo de personas por deshacer el camino, muchas veces invisible, que intentan con su trabajo hacer un poquito mejor este mundo en el que vivimos. Interpretaciones muy solventes en conjunto, entre las que sobresale la de Mark Ruffalo, que tan pronto se marca un Hulk como un representante de cantantes borrachuzo que encuentra el talento por las calles de Nueva York ("Begin again"), o un periodista que lo da todo por la noticia.


Tampoco os quiero contar mucho más. Eso sí, sales del cine mosqueado, no por la peli, que me encantó, sino por el trasfondo que tiene, y que demuestra una vez más mi teoría de que el mal existe por sí mismo, sin necesidad de escudarse en una enfermedad mental.
En definitiva, que no os la perdáis por duro que pueda ser el tema que trata, porque merece la pena.
PD: no me quiero olvidar de “Network”, porque estoy más que harto y no quiero seguir soportándolo!!!


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