domingo, 17 de julio de 2016

La invitación (The Invitation)


¿Y si os invitaran a una cena de antiguos amigos/compañeros a los que hace años que no ves? Seguro que algo extraños os encontráis, con gente con la que en su momento tuvisteis algo más que confianza. Complicidad sería más adecuado llamarlo. Pero de ese vínculo sólo quedan unos endebles hilos que se encargan de recordarte que una vez hubo algo más. Pero el tiempo todo lo puede, y las circunstancias de cada uno ayudan a deshilachar lo que una vez la vida consiguió unir.
Si a todo esto le añades que en la citada reunión hay gente a la que no conoces de nada, ya es el acabose: los gestos de alguien nuevo para ti, las confianzas que se toman algunas personas a las que no hace ni quince minutos que conoces, todo aquello que ha cambiado en los demás que te dificulte reconocerlos… Más que una cena, una emboscada.


Pero algo más ha cambiado. Quizás, lo más importante de todo: tú. Ya no eres el mismo, al igual que los demás. Me rio de todos aquellos que, como paradigmas de la evolución, mantienen que siguen siendo los mismos que hace años. Pueden seguir gustándote las mismas cosas, los mismos sabores, las mismas rutinas. Pero hay aspectos que poco a poco se van colando en tu vida y van creando cambios tan insignificantes que no los aprecias. Pero ya te han cambiado. Un libro, una peli, una conversación, alguien nuevo en el trabajo, un adiós, un whatsapp y tu mente se encarga de adaptarlo todo a tu mundo para que no percibas que aquel que fuiste, no volverá. Llámalo evolución, involución o progreso. Llámalo ir hacia delante, pero aquel que fuiste ayer no volverá más.
Sí, os estoy contando un rollo que pá qué. Pero lo que os he contado hasta ahora no es lo peor. Si recordáis, os hablaba de una invitación a una cena con gente que hace tiempo que no ves, y gente a la que no conoces. Hasta ahí, pasable. Lo peor es cuando llega el momento en el que (suele ser siempre una de esas personas a las que no conoces) habla el list@ intentando sentar cátedra, intentando imponer su criterio e ideas sobre todos los demás.


Algo así es «La invitación»: una peli a veces (la mayoría del tiempo) lenta, a veces claustrofóbica, pero en todo caso inquietante tanto en su aspecto visual como en su moraleja final: tened cuidado con dónde os metéis… Una de esas pelis a las que les basta una habitación y un puñado de actores para crear una trama sin necesidad de artificios, en la que lo realmente impactante son los diálogos. Por algo ganó el premio a la mejor película en el Festival de Sitges 2015.


En definitiva, una peli sorprendente. Avisados quedáis.

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