domingo, 31 de julio de 2016

Money Monster


Puestos a pensar, poco o nada se ha hablado de incidentes con aquellos que han amargado la vida a algún españolito de a pie durante estos años de crisis. Me refiero a esa gente que trabaja (o trabajaba) para un banco y que para salvar su culo se vieron obligados (sic) a engañar a ancianos o a discapacitados; o a esos promotores y constructores que dejaron en la estacada a soñadores que se veían en las tórridas tardes de verano en la piscina de su chalet en la zona residencial de nueva creación y que de buenas a primeras desaparecieron, llevándose consigo los dineros de familias completas, dejando a la vista los esqueletos de cemento de lo que un día fue un sueño y que acabó por transformarse en pesadilla.


No sé si habrá sido por prudencia, y por no dar voz a incidentes para evitar el llamado «efecto llamada», o porque en realidad pocas cosas han pasado para las que tenían o podrían haber ocurrido. No es que defienda la violencia, pero a alguna de esas personas que hicieron añicos la existencia de otras que lo más que hicieron en toda su vida fue trabajar, no me extrañaría para nada que se hubiesen llevado una buena hostia bien dada. Una de esas hostias con la mano abierta, que vienen de improviso, de esas que acaban con la yema de los dedos rebotando en la oreja del agredido y con un zumbido en la cabeza que tarda unos minutos en diluirse.


Repito que no justifico el uso de la violencia. Sólo digo que lo comprendería, y también que el agredido debería responder en estos casos de su conducta. Porque todos hemos actuado alguna vez llevados por el impulso más que por la razón, y a los diez segundos ya nos estábamos arrepintiendo. La expresión «cuenta hasta diez» es de las cosas más sabías que se han dicho desde que existe el lenguaje sobre este planeta.
De algo parecido va «Money Monster». Aunque hay una pequeña diferencia: también se habla de esos otros casos en los que la confabulación era de doble sentido. Me explico: la entidad financiera ofrece un producto con una rentabilidad inusitada. Además de las sartenes te da un 8 % por tu dinero por considerarte un cliente “especial” (entiéndase “especial” por cliente de toda la vida que se deja asesorar, que cree que el banco siempre busca el beneficio del cliente en vez del suyo propio). Y el cliente, sintiéndose “especial” (creyéndose a pies juntillas lo que le dicen, y frotándose las manos por la tajada que va a sacar) firma todo lo que le ponen por delante sin leerlo y sale de la sucursal con el pecho henchido y pensando “aquí estoy yo”.


Y claro, luego pasa lo que pasa. Te quedas con las sartenes, pero a la hora de recobrar tu dinero y la rentabilidad prometida, “verdes las han segao” como se diría en ámbitos rurales. Lees la documentación y resulta que en caso de pérdidas, la entidad no está obligada a devolver la inversión. Vas a tu oficina de toda la vida y curiosamente la han cerrado, trasladando a todos los trabajadores y las gestiones a realizar a la otra punta del barrio. Y cuando llegas, el “fulanito” que te vendió el producto en cuestión ha pasado a mejor vida (laboral) y el director de la oficina, un tío de traje arrugado que ha llegado a la institución a implantar los nuevos procedimientos, con cara de haber desayunado un buen trago de vinagre, te dice que deberías leer antes de firmar, y que si quieres, reclames en los tribunales.


Pues eso, que «Money Monster» es un alegato denunciando la avaricia del hombre: la del tiburón de las finanzas (George Clooney) que se gana la vida aconsejando a la gente lo que hacer con su dinero mientras él hace exactamente lo contrario; y la avaricia del tipo corriente (Jack O'Connell), que cree que podrá dejar de trabajar en un breve periodo de tiempo si pilla un par de buenas inversiones. Completa el reparto Julia Roberts (siempre solvente), como productora del programa que presenta Clooney.
En definitiva, un reflejo de la sociedad en ocasiones tan excesivamente capitalista que nos ha llevado al abismo, aunque seguramente nunca aprenderemos, por eso que dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra… Una peli interesante



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