domingo, 20 de noviembre de 2016

Un monstruo viene a verme (A Monster Calls)


A veces el cine da miedo. No, no lo digo por haber visto alguna de las pelis de James Wan. No es un miedo primario como el que sientes cuando te asustas. No se trata de un acto reflejo, todo lo contrario, es un miedo que procede de la reflexión, mucho más terrorífico porque viene de un lugar que supuestamente controlas, un lugar que te encargas de proteger con cien cerrojos, del que nada puede escapar y nadie que no permitas puede acceder.


Pero, ¿y si un día algo logra entrar a tu refugio saltándose todos tus controles? Un simple chasquido de dedos y las puertas del rincón de tu alma en el que guardas las emociones están abiertas de par en par. Ya puedes intentar tapar al hueco, que como el chasquido provenga de una imagen, un acorde o cualquier expresión artística que te emocione, verdes las han segado.


J.A.Bayona tiene la clave para tocarte la fibra: le da igual estar en una casa de aspecto encantado, en medio de un tsunami o esperando a un monstruo. En cualquier caso sabe (y le gusta) jugar con las emociones de los espectadores yendo del todo, de lo más grande, a lo más pequeño, a lo más íntimo, en busca de la lagrimilla con la que parece verse recompensado.


«Un monstruo viene a verme» es una muy buena peli y una peli muy dura, de esas que hacen reflexionar, cabrearte y llorar. Pero al mismo tiempo, te alivia, te quita un peso de encima, te descontractura los nudos del corazón para que veas que lo importante siempre está ahí, aunque no seas capaz de verlo. En definitiva, «Un monstruo viene a verme» te quita el velo de los ojos que se crea día a día con la rutina de la vida y consigue invisibilizar lo realmente importante en la vida: las personas que están a tu lado y que te hacen estar en un mundo un poquito mejor.