domingo, 8 de enero de 2017

La habitación (Room)


Algún tiempo atrás pude volver al colegio en el que comencé mis estudios, hace mucho, mucho tiempo… Había algo extraño allí, tuve la sensación de entrar en un lugar sagrado, a la espera de un reconocimiento por parte del edificio, una aprobación a modo de “eres uno de los míos” que nunca se llegó a producir.


Las escaleras, los pasillos, las aulas… todo era igual, seguía allí veinticinco años después. Pero al mismo tiempo, era distinto: las reformas producidas en todos estos años (hubo que reformar el colegio para evitar su derrumbe) habían cambiado la cara del colegio. Pero lo que más me sorprendió fue que, de repente, todo se había hecho mucho más pequeño. No lo digo por el tamaño de las sillas y las mesas, sino por el espacio en sí: tu clase, que parecía enorme hace años, es ahora un lugar en el que crees imposible meter a treinta y cinco preadolescentes; el patio en el que se desarrollaban tus juegos es ahora un lugar que recorrerías ahora en unas cuantas zancadas y los edificios que rodean el colegio habían reducido su tamaño como por arte de magia.
Cuando vuelves te sientes un poco gigante, y te vas dando cuenta que el mundo en el que creciste ya no es el mismo, ni tú tampoco: los años te han ido asentando en el lugar que te corresponde en el universo, como un edificio que hunde sus pilares en el suelo y con los años encuentra su acomodo y deja de crujir.


Algo así ocurre en La habitación: una infancia interrumpida que, al afrontar la realidad, no asume que el mundo ya no es el mismo, pero a la vez no puede evitar sentirse pequeña cuando ya no lo es. Cuando nos rompen nuestro camino y nos vemos obligados a dar rodeos y a mancharnos de barro para seguir avanzando nuestra vida ya no será igual, aunque recuperemos la senda que teníamos marcada. Pero si la senda no está escrita porque el destino desconocía tu existencia y has nacido en el fango, el camino se hace al andar, y todo aquello que te venga dado será un regalo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario