miércoles, 12 de diciembre de 2012

Blancanieves


   Nunca me gustó el mundo de los toros. Jamás he visto una corrida de toros, ni en televisión ni mucho menos en una plaza, aunque respeto a los aficionados a este tipo de espectáculos. Quizás por esto no me ha acabado de convencer  la “Blancanieves” de Pablo Berger, que ha tomado el cuento clásico de los hermanos Grimm y lo ha adaptado para hacerlo película en la España de la década de 1920-1930, ubicando la historia en el mundo taurino cañí, momento en el que pocos espectáculos más podían verse en España, por lo que los toreros eran los personajes más idolatrados junto a las folclóricas, dioses en el Olimpo de la España pueblerina y rural del momento.
   La obra resulta novedosa por lo arriesgado del conjunto, por estar rodada en blanco y negro y por tratarse de una película muda, y lo es (novedosa), aunque de buenas a primeras se vio superada (en cuanto a fecha de estreno) por “The Artist”, que acabó triunfando en los Oscar de 2012, lo que le restó frescura y capacidad de sorprender. 
Pero la mezcla de géneros a mi (y es una opinión muy personal) no me ha gustado. Y según mi parecer hay cosas que es mejor no juntarlas porque el resultado, cuando menos, puede resultar esperpéntico (mejillones con nocilla, por poner un ejemplo) Lo que sí tengo que reconocer es que la adaptación de la historia encaja perfectamente, y la cuidada elaboración de argumento y guión puede hacernos ver un calco entre el cuento clásico (más allá de la versión Disney) y la historia que nos pretenden contar. Lo que no me cuadra son los giros melodramáticos que le han dado al cuento: tan pronto pasa de momentos de intenso dramatismo a otros de comedia surrealista sin sentido y que no encajan para nada ni con la historia ni con el momento (ese momento del pintor retratando a la madrastra con su perro al lado no tiene perdón…)
   Toda la crítica destaca el papel de Maribel Verdú, que sí, no digo que esté mal. Pero no me cuadra ese giro cómico de su personaje, que hace que la maldad de la madrastra quede diluida y desdibujada, y hace que más que miedo acabe dando pena de sí misma. Me quedo con las interpretaciones de Inma Cuesta, que aunque con un pequeño papel ilumina la pantalla cada momento en el que aparece, y para mí, es la actriz española del momento (aunque no soy del todo objetivo, siento especial debilidad por ella, y porque tiene un imán para acertar con los proyectos en los que elige participar); y también me quedo con Macarena García, que sólo con su mirada consigue trasmitir el triste mundo de Blancanieves dándole optimismo e ilusión, cuya interpretación le valió hacerse con el premio a la mejor interpretación femenina en el Festival de cine de San Sebastián.
   Por último me gustaría destacar la banda sonora, con mucho toque flamenco y de copla, acorde con la época y situación que cuenta la película.
   

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