sábado, 27 de abril de 2013

Vértigo (De entre los muertos)

 
   Recuerdo haber visto "Vértigo" cuando tenía trece o catorce años, y una imagen quedó grabada en mi mente a fuego. Es el efecto de cámara que hace percibir la sensación de vértigo cuando James Stewart está subiendo al campanario y se asoma por la barandilla, me pareció, en aquel tiempo, algo escalofriante. Es el llamado "efecto vértigo" o dolly zoom, que fue utilizado por vez primera en esta peli de Hitchcock y que en la actualidad se utiliza en cualquier peli de terror en la que hay un pasillo que se hace más largo para que parezca que al protagonista, huyendo del malvado de turno, le sea más difícil escapar.
   Más de veinte años hacía que no veía "Vértigo". Y lo primero que se me ocurrió pensar cuando terminó fue en la gente que a finales de los '50 y principios de los '60 iban al cine a ver este tipo de películas. Ahora con tanta producción, tanta historia repetida, tanto sobresalto y final enrevesado ya tenemos callo hecho y es difícil que algo nos sorprenda de verdad. Pero en aquellos años en los que el espectador tenía la mente libre y sin sobresaturación de imágenes y películas, historias como "Vértigo" tenían que dejar huella en la mente.
   Hitchcock ganó por méritos propios el apelativo "maestro del suspense". Combinaba  a la perfección historias efectistas, sirviéndose de la técnica para dar un mayor énfasis visual al conjunto y dejar aturdido al espectador, que veía como los protagonistas, normalmente ciudadanos normales en la sociedad de la época, se veían inmersos en situaciones que a cualquiera dejarían, cuando menos, descolocados. Y el mejor ejemplo para mostrar al ciudadano normal era James Stewart, que en vértigo da una lección de interpretación mostrando al mismo tiempo, en un tipo corriente, lo que suponen las heridas sin cerrar del amor que llevan hacia la obsesión, convirtiendo a lo que fue un héroe en un villano, no por sus acciones, sino por su comportamiento y su imposibilidad para pasar página en la vida.
   Mención aparte merecen dos aspectos más que no quiero dejar de reseñar: los hipnotizantes títulos de crédito diseñados por Saul Bass, que acompañados por la música compuesta por Bernard Herrmann y la melodía de suspense inicial (utilizada posteriormente en innumerables ocasiones) te ponen en situación para disfrutar de una película estupenda.
   Un clásico que todo el mundo debería ver al menos una vez en la vida.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Valerian y la ciudad de los mil planetas (Valerian and the City of a Thousand Planets)

A veces, en la vida, hay que dejar el traje de adulto que el tiempo nos impone inexorablemente para poder disfrutar. Sí, sé que según os ...