domingo, 16 de junio de 2013

La jungla: Un buen día para morir - La jungla de cristal 5 - (A Good Day to Die Hard - Die Hard 5-)


   Pena. Es el principal sentimiento que me invadió después de ver "La jungla: Un buen día para morir". Lo siguiente que me dio fue sueño, porque aunque en la peli no haya más que persecuciones, disparos y destrucción por doquier, era todo una amalgama de sinsentidos protagonizados por uno de los héroes de mi adolescencia: John McLane  Pero este tío no es John McLane:  es un hombre mayor que se dedica a ir detrás de su hijo para arroparle con la mantita y quitarle de encima a los malos a escopetazos. No hay ni placa de poli de Nueva York, ni Yipi-Ka-Yei, ni nadie de los Gruber con el que acabar, ni camiseta blanca  ennegrecida de Abanderado con su chorrete de sangre.
   Al John McLane de "La jungla: Un buen día para morir" le falta el carisma que emanaba el John McLane de las tres primeras entregas (incluso la cuarta es un peliculón al lado de esta, ya que al menos estaba entretenida) en las que creías que podía derribar un muro a cabezazos. Aquí es un simple pelele puesto al servicio de la producción como un muñeco de reclamo que intenta llamar la atención en busca de nuevas vías de negocio para el futuro.
   Bruce Willis tiene su gracia en los papeles en los que se ríe de si mismo y de sus personajes ("RED", "Los Mercenarios 2"), pero aquí ni lo intenta. Al contrario que los Stallone, Swarzzenegger, Van Damme y compañía se dedican a hacer pelis que rememoran aquello que hicieron para llegar a la fama pero desde un punto de vista en que la cosa tiene su gracia, aquí Willis ha intentado ir en serio y se ha topado de frente con la realidad, Y luego está el que interpreta a su hijo, Jai Courtney, un cachas de rostro pétreo que tiene pinta de convertirse en una de las nuevas figuras del cine de acción.
   En definitiva, un truño de muy señor mío.

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