miércoles, 24 de julio de 2013

Combustión


   Hace tiempo comenté, sobre "Tengo ganas de ti", que hay un tipo de películas que si bien no las recordaremos por su calidad, ni por su argumento, ni por sus interpretaciones, son películas necesarias para llevar a la gente joven al cine a ver una peli de cine español. No todo tienen que ser superproducciones que arrasen en taquilla con megaefectos especiales, ni historias de vampiros sosainas romanticones, ni comedias escatológicas, ni dramones preciosos que te dejan hundido en la miseria y con un paquete de kleenex usado en el bolsillo.
   Hasta hace bien poco para ir a ver al cine una película española tenía que estar dirigida por Almodóvar o  Amenábar, y de vez en cuando surgía alguna peli tipo "Celda 211" o "No habrá paz para los malvados" que daba la campanada y era capaz de aguantar en los primeros puestos de la cartelera durante un par de semanas. Pero en los últimos años ha aparecido en España un nuevo tipo de cine, dirigido al público adolescente que, enganchado a los abdominales de Mario Casas, Hugo Silva y compañía ha apostado por un público totalmente distinto al que generalmente tiene el cine español, porque en realidad, la juventud es un filón que hasta entonces estaba sin explotar. "A tres metros sobre el cielo" o "Tengo ganas de ti" confirmaron que este tipo de cine gusta a la chavalería y a gente incluso más mayor, y claro, era hora de dar el siguiente paso para captar a otra franja de edad.
   Y llegamos a "Combustión", en la que además de actores jóvenes, introducen otro de los elementos que más pueden gustar a los veinteañeros de hoy en día: los coches de alta gama y las carrera ilegales. Y si todo esto lo juntamos con una historia de amor, pues ya tenemos el caldo de cultivo perfecto para atraer a manadas de jovenzuelos con las hormonas alteradas.
   "Combustión" cuenta la historia de unos ladrones que echan el ojo a un joyero para su próximo golpe, pero ella (Adriana Ugarte, una actriz que me parece muy sensual, y en esta peli multiplicado por diez) se enamora de la víctima (Álex Gonzalez, que como no, acaba quitándose la camiseta), y forman, junto al líder de los atracadores (Alberto Ammann, el más flojito de los tres) el triángulo amoroso de la historia, que termina de prender con la gasolina que se desprende de las carreras ilegales.
   Lo mejor de la peli es la banda sonora de Carlos Jean: cañera en su justa medida y romántica en su justa medida, para acompañar a una historia que si bien no deja con ganas de más, tampoco te hace pasar un mal rato.

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