lunes, 19 de enero de 2015

Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia)


Aturdido. Es la palabra que define mi estado tras ver “Birdman”. Ha sido comenzar los títulos de crédito y empezar a sentir un desasosiego a modo de escalofrío, un abandono interior ante una de los guiones más brillantes de la última década.


“Birdman” es el teatro dentro del cine. Podría considerarse algo similar al metacine sobre la realidad o la mentira del teatro, aunque en realidad no deja de ser una historia sobre la necesidad de sentirse adulado por la gente, por saberse en la cresta de la ola a cualquier precio, porque al final saberse tendencia engancha y es difícil liberarse de algo que te agarra el alma a cambio de dártelo todo.


Lo que consigue Iñarritu es magistral: planos secuencia casi eternos, laberínticos recorridos en busca de la trama y un sonido que no cesa, como esa vocecilla interior que nos acompaña allá donde vamos y que unas veces nos incordia y otras casi ni percibimos. Y aprovechándose de un guion magistral, que mezcla vida y teatro, nos encontramos a Michael Keaton en el papel de su vida, que le acerca a un merecidísimo Oscar por su interpretación de héroe venido a menos que un día lo tuvo todo y años después lo poco que le queda es la poca ilusión en el trabajo, un amigo que le acompaña en sus delirios y una hija adolescente (Emma Stone) que sólo intenta ponerle los pies en el suelo.
Para completar el reparto un magnético Edward Norton, en su mejor papel en muchos años que consigue al mismo tiempo que de detestes y admirarle como actor. Literalmente se come sus escenas (en las que actúa y en las que no).


En definitiva, una película arriesgadísima, que marcará tendencia en cuanto a la forma de contar historias, a la que la crítica venerará durante muchos años y que se llevará menos Oscars de los que merecerá. Eso sí, no recomendable para según qué paladares, que la verán como una incongruencia que no ha hecho sino hacerles perder el tiempo.

1 comentario:

  1. Una película espectacular y brillante, como bien dices, tanto por montaje como por interpretaciones que, evidentemente, merecen el Oscar, y el reconocimiento de todos.

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