domingo, 2 de octubre de 2016

Dos buenos tipos (The Nice Guys)


¿Nunca os ha pasado, a lo largo de vuestra vida laboral o en aquellos tiempos en los que estudiabais, el tener que colaborar con algún compañero en la realización de un informe o en la elaboración de un proyecto, y no ser tú el que manejase el ratón del ordenador? Es una situación incómoda, tanto para el que escribe como para el que le toca mirar. Para uno (a mí, personalmente es la situación que más me incomoda) porque siente el aliento del otro en el cogote y tiene que aguantar sus indicaciones: el esto hazlo así, el porqué no lo haces asá… Para el otro, porque ve que las cosas no se hacen a su gusto, porque no se utiliza el teclado en vez del ratón o porque se tiene que contener para apartar al inútil que está aporreando el ratón de un manotazo y tener el poder en sus manos. Aunque al final el resultado acabase siendo el esperado y percibes que sin la aportación del otro el resultado hubiese sido incompleto, el mal rato ya lo has pasado.


Pues algo así me ha ocurrido al ver «Dos buenos tipos»: un guion interesante, una ambientación perfecta, una música funky increíble (muy divertida la recreación de Earth, Wind and Fire) y dos actorazos dispuestos a reírse de sí mismos desde su profesionalidad, cosa que no es fácil en el cine de hoy. Con muchos mejores moldes y mucho más presupuesto, otros han intentado hacer lo mismo y les ha salido «¡Ave, César!», un auténtico bodrio infumable (por no decir una puta mierda).


Un Russell Crowe pasado de vueltas (y de peso, pero de esto no seré yo el que diga nada) es la mitad de un dislate de equipo, la fuerza bruta. La otra mitad, lo surrealista, es interpretado por un más que sorprendente Ryan Gosling que demuestra su versatilidad y su buen ojo para la comedia.


Lo que os decía antes, lo del trabajo en equipo, lo decía porque me pasé la primera media hora de peli desconcertado, pensando en cómo habría hecho yo la presentación de los personajes, sin terminar de entender el porqué de algunas escenas. Pero tengo que decir que es una peli que va de menos a más, y de repente todo cobra un sentido: lo que era una simple broma, algo que casi se carga la peli por rozar el filo de lo esperpéntico, se vuelve de repente muy entretenido y casi te deja con ganas de más.
En definitiva, para pasar un rato entretenido. Eso sí, si pecáis de impaciencia os perderéis lo mejor…



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