domingo, 15 de enero de 2017

Rogue One: Una historia de Star Wars (Rogue One: A Star Wars Story)


Cuando vas a un museo, sobre todo a los de arqueología (mis favoritos) puedes hacerte una mínima idea de las condiciones de vida de las personas que poseían los objetos allí expuestos: vasijas, joyería, armas… Que sí, que está todo muy bien y puedes aprender y asombrarte de la habilidad del ser humano para hacer cosas prácticamente sin tecnología. Pero nunca llegaremos a entender el significado completo de cada uno de esos objetos, casi reliquias, que han llegado hasta nuestros días: ¿para qué se utilizó esa vasija? ¿Quién creó un collar de oro con tantos detalles? ¿Cómo aprendieron hace miles de años a esculpir la piedra de una manera tan realista?


Me gusta imaginar la historia dentro de la historia, el motivo que originó todo, las condiciones en las que se logró conservar. Jamás sabremos la realidad, y aunque en muchos casos las historias sean comunes (si es que la supervivencia se puede considerar algo común), estoy convencido de que alguno de los objetos que se exponen en los museos tienen tras de sí historias realmente apasionantes.


Con las películas ocurre lo mismo: ¿de dónde vienen las ideas que cuentan las historias que vemos en las pantallas? ¿Dónde se quedan los orígenes de los personajes? Hay veces que vemos fragmentos de la vida de los protagonistas a modo de flashback, que de alguna manera explican sus reacciones, sus sentimientos… Pero siempre quedan cosas detrás, cosas que nunca sabremos. Por ejemplo:

  • ¿A qué academia acudió el personaje de Demi Moore en Ghost para aprender a modelar arcilla?
  • ¿Qué tuvo que ser en su vida terrenal moquete para convertirse en moquete?
  • ¿Qué le ocurrió a John McLane en Nueva York para dejar marchar a su mujer a Los Ángeles?

Rogue One: Una historia de Star Wars cuenta a la perfección uno de los hilos sueltos de la saga: cómo llegan hasta Leia los planos de la Estrella de la Muerte para intentar su destrucción por parte de los rebeldes. Un eslabón de la cadena, con muescas a modo de fallos que se perdonan, porque al final lo que queda es un regusto a aventura y a ganas de más, aunque sepas que lo que viene después es algo que aprendiste hace mucho, mucho tiempo…




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